La banda gallega de Castrelo celebra su 125 aniversario

No es un año cualquiera para la Banda de música de Castrelo. Cumple 125 años y una cifra tan redonda merece algo más que una tarta y un concierto. El Concello de Cambados se ha volcado con la efemérides y ya inició los actos del que ha dado en declarar Ano da Música. Tanto la banda como el conservatorio municipal -que cumple su primera década de existencia- han organizado un programa que llenará de música la villa los próximos meses. Pero los aniversarios, y más cuando el siglo se superó con creces, son también propicios para recapitular y echar un vistazo atrás.

La saga de los Padín
Si se trata de hacer historia hay un apellido que se repite a lo largo de estos 125 años: Padín. Manuel Padín Soutelo fundó la banda en 1890 y sus hijos primero y sus nietos Nazario, Ángel y José después, mantuvieron la tradición. Los hijos de este último, José «Currás» y Modesta Padín Domínguez recogieron el testigo, y ahí siguen. Incluso llegó a tocar la quinta generación de la familia, pero las obligaciones laborales son cada vez más difíciles de conciliar con la música. No obstante, cuando va en la sangre no se puede renunciar del todo, así que Martín reenganchó en otra banda allá en Valencia, donde trabaja actualmente. Su padre Currás, sigue al pie del cañón y a sus 63 años se ha convertido en el componente más veterano de la Banda de Castrelo, en la que lleva 47 años sacando notas a su inseparable bajo.

En blanco y negro
Él no vivió aquellos tiempos en que los músicos cruzaban la ría en barca y recorrían kilómetros y kilómetros a pie para tocar a las fiestas de las aldeas. De aquella época solo quedan testimonios en blanco y negro -la fotografía más antigua que se conserva data de los años treinta, de los músicos en A Pastora-, estampas que la banda guarda como oro en paño. Buena parte de ellas han sido ya publicadas con motivo de los libros conmemorativos que se editaron a propósito de la celebración del centenario, y de los 110 años y probablemente vuelvan a reunirse ahora en una exposición. De lo que sí puede dar fe Currás es el del último medio siglo de la banda, tiempo suficiente para ver lo rápido que cambia todo. «Antes estaba a cousa mellor pagada, eu cheguei a cobrar 10.000 pesetas por día», recuerda. Un dinero extra que venía de perlas para completar los ingresos de la casas de Castrelo, en su mayoría dependientes del campo.

La pionera
Lo que nunca se había visto hasta los años setenta era una mujer que tocara y cobrara por ello. La pionera fue, como no, una Padín; Modesta, bisnieta del fundador. Con 16 años se calzó la gorra de plato y se puso la falda azul plisada -todavía habría de pasar tiempo antes de vestir los pantalones del uniforme- y empezó una aventura que marcaría su vida. «Ao principio foi difícil, só me animou meu irmán», explica. Su tío Angelito no veía con buenos ojos que una jovencita estuviera todo el día entre hombres, desde la alborada de la mañana hasta las verbenas que hacían entonces hasta las tantas de la madrugada. Pero Modesta perseveró y acabó convirtiéndose en uno de los referentes actuales de la Banda de Castrelo.

El futuro está aquí
A ella se la conoce por tocar el saxofón en la banda -que conste que prefería la trompeta, como su padre-, y porque le ha dado y sigue dando clase a docenas de niños que acuden a aprender los primeros compases al conservatorio municipal. María Núñez Figueiras es una de ellas. Dice que si hoy toca el saxofón «es por la profe», porque Modesta sabe hacer querer la música. María aprendió solfeo e instrumento en Cambados y en septiembre entró en la Banda de Castrelo. Cuando todavía no levantaba ni un metro del suelo ya asistía a clases de música en movimiento y ahora, a los 12 años, está luchando por hacerse un hueco en el conservatorio de Pontevedra para hacer grado medio. ¿El futuro? Aún es muy joven, apunta su madre, pero todo parece indicar que el saxo seguirá sonando allá donde ella esté.