El Mozart español

Reproducimos el artículo del escritor y periodista argentino Roberto Alifano en el que habla sobre el compositor bilbaino, Juan Crisóstomo Arriaga.

Debido al interés por la figura y la obra de Juan Crisóstomo Arriaga a raíz de la interpretación de su música por la Orquesta de la Sociedad Musical ‘La Artística’ de Buñol en el pasado II Concurso Bankia de Orquestas de la Comunitat Valenciana reproducimos este artículo del escritor y periodista argentino Roberto Alifano publicado en el Imparcial.es

Artículo publicado en el Imparcial.es

Hurgando en mi caótica biblioteca para dar con un libro de don José Ortega y Gasset, que necesitaba consultar, hallé inesperadamente un viejo programa del teatro Juan Crisóstomo de Arriaga, de Bilbao. Era de principios de los años 90’, cuando estando de paso por esa espléndida ciudad, asistí con un querido amigo, a la representación de El gato montes, de Manuel Penella Moreno, con Montserrat Caballé y Plácido Domingo. La nostalgia correspondiente me llevó a evocar algunos pormenores de aquella primaveral y mágica noche, enriquecida con las voces prodigiosas de esos dos titanes de la lírica; junto, claro está, a la relectura de La rebelión de las masas, que inicié a partir de ese momento.

Decía Borges que todo inesperado encuentro puede ser una secreta cita. “Lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la casualidad”. Nada más aplicable a mi modesta circunstancia. Desde hacía bastante tiempo tenía la intención de escribir sobre ese precoz y malogrado genio de la música que fue Juan Crisóstomo de Arriaga, descubierto por mí en esa noche gloriosa; y, de pronto este milagro, el viejo programa del teatro lírico, que justicieramente lleva su nombre, me lo recordaba. Es probable que lo que me había ocurrido era algo común a todo desordenado y maniático juntador de papeles. “¡En hora buena!”, celebré. La busca de ese clásico del pensamiento del siglo XX, ha sido el sendero para el encuentro con otro clásico de la música. El programa estaba ahí, esperándome y asomaba de pronto como un prodigio de Las mil y una noches, devolviéndome aquella menos remota que grata vivencia.

Pero, ¿quién fue Juan Crisóstomo de Arriaga y cuál fue su legado musical para que un teatro lírico lleve su nombre?

Nacido en Bilbao en 1806, hijo de un organista de profesión, que le instruyó desde pequeño en el maravilloso arte de la música. Juan Crisóstomo no tardó en convertirse en un precoz virtuoso violinista y compositor. Con tan solo once años, crearía su primera obra, un octeto titulado Nada y Mucho; y, tan sólo dos años más tarde, su primera ópera Los Esclavos Felices, que sería interpretada por primera vez en su ciudad en 1820. Esto hizo que su padre tomase la decisión de enviarlo a completar sus estudios al conservatorio de París, donde empezó a frecuentar las sociedades musicales, germen de las futuras sociedades filarmónicas y orquestas, en las que el muchacho empezó a ser reconocido y admirado.

Con únicamente algunas partituras como tarjeta de presentación, ingresó en 1821 a la École Royale de Musique et Declamation, donde se perfeccionó en el violín con Pierre Baillot, en armonía con François-Joseph Fétis y en contrapunto con Luigi Cherubini. Sus profesores pronto quedaron maravillados por sus rápidos progresos y dotes, en especial para la composición. En 1823, Cherubini, el cual acababa de ser nombrado director de la École el año anterior, escuchando el Stabat Mater del joven compositor indagó sobre su autor, y cuando supo que pertenecía al joven Arriaga, dicen que exclamó: “Increíble. Ese joven es la misma personificación de la música”.

En 1824, Arriaga fue nombrado profesor ayudante de contrapunto y fuga por el maestro Fétis, cuando apenas un año antes había sido alumno de dicha Aula. No tardó, por consiguiente, en ser enormemente valorado por alumnos y profesores, así como por otras facultades dentro del propio Conservatorio.

Su primera obra de esta nueva etapa, está fechada el 16 de febrero de 1822. Fue el arreglo para cuarteto de cuerda de las Variaciones sobre el tema de La Húngara o Thema de la Tirolesa, como lo definió Francisco María Vaccari, a sugerencia de quien se hizo la adaptación. El objetivo de ésta era poder presentarla ante el rey, a quien no debían gustarle interpretaciones a solo.

 

   

 

También la Obertura de los esclavos felices fue revisada bajo el nuevo título de Obertura Pastourelle, siendo ésta la versión que habitualmente se interpreta. Asimismo, Arriaga compuso durante este primer año los Tres Estudios para Pianoforte y, también, los Tres Cuartetos de Cuerda, dedicados a su padre, y editados por él mismo, aunque sin registro de fecha. Estas son quizá las piezas más destacadas de su breve obra, alabados por su profesor François-Joseph Fétis en su Biographie Universelle des Musiciens (París, 1835-1844), bibliografía gracias a la cual podemos datar los cuartetos compuestos en 1824.

A esos Tres Cuartetos precede la Sinfonía para Gran Orquesta (1824-1825), otro de los grandes hitos de su obra, y cinco arias para voz y orquesta sin fechar, y hoy difíciles de ordenar cronológicamente. Ahora bien, una de las cosas que más impresionaba a todos sus maestros era la habilidad que tenía Arriaga para usar armonías, contrapuntos y técnicas, en general musicalmente muy sofisticadas, sin que nadie antes se las hubiera enseñado o explicado. Testigo de ello podría ser su Fuga a ocho voces, clasificada por Luigi Cherubini como una Obra Maestra.

Juan Crisóstomo de Arriaga murió en París el 16 de enero de 1826, diez días antes de cumplir sus 20 años, a consecuencia de una dolencia pulmonar, posiblemente tuberculosis, sumado al enorme cansancio que sufría debido al trabajo de profesor en el Conservatorio, las lecciones que daba y a su intensa actividad como ejecutante. En sus últimos momentos fue acompañado por Cirilo Pérez de Nenín, amigo de la familia Arriaga, y Pedro Albéniz, otro de sus amigos, junto con Manuel del Pópulo Vicente García, que lo califica de genio en un cuaderno de apuntes. Fueron ellos quienes informaron a la familia del trágico desenlace.

Se sabe que fue enterrado en una fosa común en el Cimetière du Nord, en Montmartre.​ No mucho después de su muerte, fue enviado un baúl a la casa de su padre en Bilbao, conteniendo su violín y algunos manuscritos con buena parte de su obra, pero por la congoja familiar se prefirió no abrirlo y fue dejado en un desván donde permaneció muchos años abandonado hasta ser rescatado, casi medio siglo después, por un familiar.

Debido a la prematura e inesperada muerte de Arriaga, también su obra permaneció desconocida hasta que una reimpresión de la segunda edición de la Biographie universelle des musiciens et bibliographie genérale de la musique de Fétis, la cual incluía las muy buenas valoraciones hechas por el maestro sobre Arriaga,​ iría a parar a manos de Emiliano de Arriaga y Ribero, su sobrino nieto, que interesado por la Obra de su “tío Juanito”, de quien casi se había perdido la memoria en la familia, empezó a recuperar su música y revivirla tanto en círculos de amigos y familiares como en su Bilbao natal.

Hacia 1887, se crearía la primera Comisión Permanente Arriaga, cuyo objeto sería el de estudiar, publicar y difundir la música de Juan Crisóstomo, así como la obtención de beneficios con los cuales poder dar las partituras a imprentas y difundirlas, además, por otras sociedades españolas. La Comisión dio su primer fruto en 1888, con la segunda edición de los Tres Cuartetos. Éstos fueron entregados a la sociedad de cuartetos de Bilbao que les dio una enorme difusión por los diferentes salones de la capital vizcaína. Se recuperaron luego documentos de gran importancia, como los autógrafos de los propios cuartetos; la mayoría de ellos expuestos en el teatro que lleva su nombre.

En lo personal soy enemigo de las comparaciones; cada ser humano, cada artista, es un mundo. Sin embargo, como simple devoto y hedonista de la música, me atengo al criterio de algunos especialistas, que conjeturan que la música de Juan Crisóstomo de Arriaga se puede relacionar tanto con Haydn como con el primer Beethoven, e incluso con Schubert en su Sinfonía en Re. Se le quisieron encontrar también semejanzas con Mozart, tales como que nació exactamente cincuenta años después y que fueron bautizados con el mismo nombre, Juan Crisóstomo, o como Johannes Chrysostomus en el caso de Mozart; además de la pareja precocidad, ya que ambos tocaban el violín con apenas tres años o habían compuesto su primera ópera antes de los trece. La coincidencia referente al nombre no debería extrañar demasiado, ya que por esa época se solía bautizar a los niños con el nombre del santo del día de su nacimiento; y una de las festividades de San Juan Crisóstomo se celebraba el 27 de enero, día del nacimiento de ambos compositores.

Según la opinión del musicólogo Charles Rosen es posible escuchar pasajes en la Obra de Arriaga similares a Haydn, Mozart, Beethoven y Rossini, aunque a veces no consiga alcanzar la complejidad de las obras más maduras de estos autores. Sin embargo, Arriaga posee un identificable y original estilo, el cual, en su tiempo, se habría convertido en algo más particular y reconocible por sí mismo, posiblemente incorporando más elementos españoles y vascos que vieneses.

La muerte de Arriaga antes de los veinte años fue una triste pérdida no sólo para la música vasca, sino en general, para toda la música.​ De cualquier manera, y a pesar de la valoración altamente positiva que se ha hecho de su obra por diferentes críticos e historiadores musicales durante el siglo XX, su temprana muerte y posterior pérdida de muchos de sus escritos ocasionaron que la obra, pese a su importancia, no pudiese ejercer ninguna influencia en la música española de las décadas posteriores.​

En todas estas obras se puede apreciar una técnica muy sólida y un gran dominio de la forma, recordando muchas de ellas en gran medida a la música de Mozart, Cherubini o Rossini, acaso sus más cercanas referencias, aunque con el sello personal de Arriaga. En especial en los cuartetos se puede apreciar un tipo de sonata muy cercana a la de autores clásicos, aunque él introduce una serie de elementos nuevos y originales que la acercan al Romanticismo, y que constituyen verdaderas innovaciones y creaciones propias; tal es el caso de la introducción de movimientos en forma de rondó, o la inversión en el orden de la presentación de los temas o de la recapitulación.

La obra de Arriaga conservada hasta la fecha es más bien breve; suma en total unas veintisiete piezas, viéndose así reflejada la temprana muerte del autor. Como simple hedonista, recomiendo cada tanto escuchar esa música tan grata al oído. Está subida a YouTube, y nos ayuda a disfrutar de la vida y a condenar tantos olvidos e injusticias inexplicables.

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