“Antes venía, tocaba y era feliz; ahora no” Así están las cosas en la Banda Municipal de Jerez

La formación musical jerezana, que ha tenido que suspender sus conciertos ante la falta de director y archivero, espera tiempos mejores.

Acuden dos días a la semana a la Sala Compañía para cumplir con un horario establecido, ya como personal laboral del Ayuntamiento, reconocido por orden judicial, pero la mayoría de los 21 músicos de la Banda Municipal de Jerez lo hacen sin instrumentos. Llegan, se sientan, charlan, miran el móvil, pasan el rato obligado y se van a sus casas. Así lo hacen desde que la formación se quedara sin director.

El último que ocupó ese cargo fue Juan Manuel Salguero. En 2016, tras la marcha del anterior, tomó el puesto de manera temporal, dos semanas que finalmente se han convertido en dos años. “Realmente nunca fui nombrado oficialmente. El problema estaba en el hecho de no estar en la RPT municipal, con lo cual el Ayuntamiento no podía hacer un nombramiento de esa plaza al no estar contemplada. Pero ahora, que sí lo estamos, es tan sencillo como nombrar a un director, o al menos que esté en funciones. La pelota está en el tejado del Ayuntamiento”.

La situación de la formación, con más de 80 años de historia, parece pasar por un momento de eterna transición. Lo peor ya ha pasado, puesto que ahora la situación de los músicos está regularizada e incluso el Ayuntamiento tendrá que clasificarlos conforme a las características de sus puestos y funciones, según contempla el Estatuto de los Trabajadores. Sin embargo, la banda sigue sin director, sin archivero —el encargado de clasificar las partituras y sacar aquellas a la luz para que se monten y se interpreten— y sin transportista.

 

   

 

Algunos componentes tampoco tienen uniforme, hasta el punto de que tocaban cada domingo en la plaza del Banco con trajes de chaqueta de su propiedad. De los nuevos instrumentos prometidos en su día tampoco se sabe nada. El Ayuntamiento mantiene en las dependencias de la Sala Compañía algunos de viento con decenas de años a sus espaldas que dejaron de funcionar no se sabe cuándo, así que los músicos también tocan con sus propios instrumentos.

Otro aspecto que preocupa, y mucho, es la falta de músicos. Cuando el problema con el Ayuntamiento estalló se rozaban los 40. Ahora hay la mitad, cuando lo ideal, como así lo planteó el primer director de la banda, Germán Álvarez Beigbeder, es que fueran 74. Si bien el Conservatorio y la Escuela de Música fueron la cantera habitual de la Banda, el hecho de que sus miembros pasaran a ser personal municipal y de que dejaran de cobrar becas, ha provocado que estos jóvenes aprendices de músicos no puedan acceder a la banda y tengan que buscar otras de la provincia para poder desarrollar sus capacidades.

“Nosotros propusimos, cuando salió la sentencia, que se hiciera un acuerdo de colaboración con el conservatorio o con la Escuela de Música, de tal forma que aquí viniesen esos estudiantes y se les becara, pero ese es un proyecto que hay que elaborarlo, para lo cual, lo primero es crear una mesa de trabajo con la gente que entiende de esto, pero nunca hemos tenido respuesta del Ayuntamiento”, lamenta Lola Vega, saxofonista de la banda. Al respecto, Salguero ve difícil esa reunión, ya que, afirma, “en los dos años que he sido el director, nunca he tenido una reunión con Paco Camas” —delegado de Cultura—.

La situación actual ha hecho que el desánimo se haya ido apoderando de los músicos de la banda municipal, según cuentan sus propios miembros al medio lavozdelsur.es. Es el caso de Juan José Vega, 37 años, flauta y flautín de la formación. Afirma que cuando era un joven estudiante del Conservatorio “me emocionaba ver a la banda tocar en los conciertos”. Él comenzó de la mano de Paco Orellana —otro de los directores emblemáticos— que le dio su confianza al escucharlo en una prueba. Pero como reconoce, “mi gran ilusión era tocar en la gran banda que había antes. Ahora ilusión hay poca. Estamos incompletos y encima no nos tratan bien”.

Carlos Manuel Nieves de la Rosa, clarinete, es, a sus 24 años, uno de los componentes más jóvenes. Empezó en la música con un profesor particular a los ocho años y a los once ya se matriculó en el Conservatorio. Antes de formar parte de la municipal de Jerez pasó por otras bandas, pero señala que “tocar aquí era subir un escalón, porque te aportaba lo que necesitabas más allá de marchas procesionales y pasodobles, que es lo único que suelen tocar otras bandas”. Sus primeros años los disfrutó mucho, aun reconociendo que “siempre hemos estado dejados de la mano del Ayuntamiento”, pero mientras que antes llegaba “ilusionado” a los ensayos, porque entre otras cosas se “evadía del día a día”, ahora lamenta que “todo son problemas, desde la falta de sitio para ensayar, la falta de director, de músicos… Antes venía, tocaba y era feliz, ahora no”.

Caso parecido es el de Manuel Gamboa, de 29 años, también clarinete de la banda. Antes de pertenecer a la municipal lo fue de otras formaciones de la provincia. En 2004 “tenía toda la ilusión del mundo de tocar en la banda de mi ciudad”. Hizo una prueba con Orellana y pudo ver cumplido su sueño, pero ahora dice que “la ilusión se ve mermada. Tenemos un componente sentimental fuerte, de pertenencia, así que nos duele esta situación. La poca ilusión que nos queda es lo que nos mantiene aquí, fundamentalmente para que esto no se pierda”.

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