‘Luz y Gloria de Sevilla’ y ‘Esplendores de Oro y Llanto’, de Antonio Hurtado Torres, protagonistas en septiembre de Al Cielo con Ella

Este mes de septiembre de 2019, el protagonista de la sección Al Cielo con Ella, la sección de NBM dedicada a las Marchas Procesionales, es el compositor sevillano Antonio Hurtado Torres.

De este modo, Antonio Hurtado Torres toma el relevo de Alfonso Lozano Ruiz, y elige como obras protagonistas de la sección sus marchas 'Luz y Gloria de Sevilla' y 'Esplendores de Oro y Llanto'.

Siguiendo esta sucesión de nominaciones, por indicación de Antonio Hurtado Torres, el protagonista de la Sección 'Al Cielo con Ella' del mes de octubre será Víctor Arturo López.

 

 

Las marchas procesionales Luz y Gloria de Sevilla y Esplendores de Oro y Llanto, son ejemplos ambas de dos expresiones y estilos muy diferentes, siendo cada una de ellas la antítesis de la otra.


Luz y Gloria de Sevilla

(El Paso de Palio de la Hermandad de los Panaderos, ante el Banco de España. Foto: José Javier Comas Rodríguez)

Luz y Gloria de Sevilla fue la marcha conmemorativa oficial de la presencia en Madrid de la Virgen de Regla de la Hermandad de los Panaderos, que representaba a Sevilla en el Viacrucis de la Jornada Mundial de la Juventud, del 2011, que presidió Benedicto XVI.

Fue la primera marcha del autor, quien nos dice:

"Desde siempre tuve claro que si alguna vez escribía alguna marcha debería ser algo distinto y complejo, pero que a la vez el resultado sonoro debería tener una apariencia tradicional, síntesis de estilos distintos, que resultase atractivo para mí, y sobre todo, con un carácter sevillano. No me interesaba realizar una composición con acordes y melodías extraños a la Semana Santa que yo había vivido, no quería que fuese música ajena a Sevilla. Soy sevillano y quería reflejar el espíritu de la Semana Santa de Sevilla. También era mi intención que la obra fuese una especie de clímax continuo, sin reposo, como una explosión de luz sin fin, que no permitiese que la atención del oyente se desviara ni siquiera por un momento ante la aparición de un tema de menor interés, manteniéndolo todo el tiempo en un estado éxtasis poético contínuo, como el que se experimenta ante la vehemencia y la gloria de la luz de uno de esos días y noches de la Semana Santa en Sevilla, radiantes de sol, de luna, de música, de palabras, de aromas, de recuerdos...

Todo ello tenía yo presente cuando recibí el ofrecimiento de componer una marcha que conmemorase el viaje de la Virgen de Regla de los Panaderos a Madrid, para participar en el Vía Crucis que presidiría el Papa Benedicto XVI, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. La responsabilidad era grande, histórico e irrepetible el momento, la Hermandad de los Panaderos y su Virgen siempre fueron para mí motivo de inspiración y pueblan mi memoria de bellos y gratísimos recuerdos. Era el momento. Acepté encantado.

No obstante, quizás por el peso de la responsabilidad recién aceptado el encargo, atravesé una época en que no me convencía ninguna idea musical de las que se me ocurrían. Seguramente hubiera podido componer unas cuantas buenas marchas con esos temas musicales, pero según la intención estética que describía anteriormente, no era la música que quería componer.

Y la anécdota fue la siguiente:

Ya empezaba a agobiarme enormemente la situación, pues la fecha del estreno se acercaba vertiginosamente y aún no acertaba a encontrar ningún tema que me satisficiese.

Y una noche, al regresar a casa, después de haber estado dando una vuelta por Sevilla hasta horas muy tardías de la noche, me dormí pensando en la marcha, dándole vueltas y más vueltas a posibles temas y estructuras musicales. Y así me dormí. No sé en qué punto de la noche tuve entonces un sueño que no debió durar más de unos breves minutos, quizás segundos, pero que aparecía cargado de nítidos detalles.

(El Paso de Palio de la Hermandad de los Panaderos en Madrid. Foto: José Javier Comas Rodríguez)

Yo asistía a una ceremonia religiosa en una iglesia que, si bien estaba muy transformada, con un aspecto irreal, reconocí como la del monasterio de Santa Inés, donde se desarrolla la leyenda becqueriana de Maese Pérez el organista (sin duda, imágenes influenciadas  por el hecho de que, durante el paseo que había dado aquella noche en la vida real había pasado por la puerta de aquel convento). No había nadie, excepto el oficiante, que estaba de espaldas en el altar. Cuando se volvió, vi sin asombro por mi parte, que era Juan Pablo II, revestido liturgicamente de manera imponente. Con gesto lento, solemne, señaló al mítico órgano y pronunció unas palabras envueltas en esa especie de lógica aparentemente inconexa tan propia de los sueños: 'Ahí está. Es Sevilla.'  Al punto sonó una melodía clarísima y penetrante. Al punto me desperté. Era de madrugada, y sonaban todavía de forma nítida en mi mente las palabras y la música del sueño (apenas unos cuantos compases), así que antes de que me durmiese de nuevo y se olvidara, me apresuré a escribir la melodía, que, esta vez sí me pareció un tema musical muy original y atrayente.

Al día siguiente, a partir de esta breve melodia -el tema principal-  y ya con la idea clara de la estructura que iba a darle a la obra, me puse a trabajar, de forma continuada, hasta que la concluí al cabo de unas semanas. La obra la estrenó la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, dirigida por su titular, Francisco Javier Gutiérrez Juan, al pie de la Giralda, en el concierto de vísperas de la festividad de la Virgen de los Reyes, el 14 de Agosto del 2011, y al día siguiente, en la procesión.

En lo musical, después de concluirla, me di cuenta de que, a pesar de que mi intención inicial había sido elaborar una estructura más tradicional, sin habérmelo propuesto, la marcha era una forma sonata casi exacta, de lo cual, no sé si hay precedentes o no.

Para explicar la estructura y demás elementos me referiré a la grabación del estreno:

 

Comienza la obra con una introducción formada por dos temas: el primero, al inicio, en Do mayor, y el segundo, comenzando en la menor en el minuto 0:18 y llega hasta el 0:41, donde empieza el tema principal, en Fa sostenido menor, lírico, nostálgico, evocador, que va evolucionando hasta llegar al  minuto 1:30, donde aparece un segundo tema en Fa sostenido mayor, de carácter triunfante, que surge de la transformación del primero,y que concluye en el minuto 1:54, donde una breve coda clausura la exposición en la dominante de Mi bemol menor, tonalidad en la que empieza el desarrollo (2:02).

Este desarrollo está basado, principalmente, en una elaboración contrapuntística de dos melodías muy familiares en la Semana Santa: la Marcha Real y el Himno de España, discurso musical al que se suma el motivo del puntillo que aparece en el minuto 0:18.

Comienza el desarrollo (2:02) con el tema de la Marcha Real en modo menor. En el minuto 2:14 aparece, ampliado, el tema con puntillos que ya se escuchó en el minuto 0:18, en 2:21 llega a un pasaje donde se superponen contrapuntísticamente la Marcha Real y Himno Nacional, éste último presentado de tres maneras: en modo menor, en modo mayor, y también invertido. En el min. 2:40, a través de un enlace construido con los temas del Himno Nacional y el de los puntillos que ya se escuchó en los minutos 0:18 y 2:14, la marcha se encamina hacia su reexposición (2:51).

En el minuto 3:24, después de una modulación desde la menor hasta do menor-sol frigio que se inició en el 3:19, comienza una amplia coda basada en pasajes del Mirabrás, uno de los cantes flamencos clásicos, de la zona de Cádiz, según la versión de este cante que grabara mi tío Juan Valderrama, mientras que, simultáneamente a esta exultación de popular inspiración de aparente sencillez, alguna mención contrapuntística se inserta, acentuando el significado del discurso musical. La obra termina de forma circular, haciendo sonar otra vez su comienzo (3:59), con ciertos detalles conclusivos que están ausentes al principio.

Como si de un mosaico se tratase, he pretendido aunar en una sola obra todos los estilos musicales de la Semana Santa sevillana, todos los matices y colores que percibo en esta festividad sublime, partiendo del canon estético que creara el gran artífice, el genio musical que fue Manuel López Farfán, pero combinando y desarrollando esos elementos tradicionales de manera diferente, de modo que suene original y clásico al mismo tiempo. He pretendido, en suma, expresar en música la luz y la gloria de Sevilla".

La siguiente grabación corresponde a la interpretación de Luz y Gloria de Sevilla por la Banda Sinfónica Municipal hispalense, dirigida por D. José Salazar, en un concierto celebrado en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, en Sevilla, en marzo del 2012.

 


Esplendores de Oro y Llanto

(Virgen de los Dolores de Villanueva del Ariscal. Foto: Manuel Castro Juncá)

Compuesta entre finales del año 2015 y principios del 2016,  Está dedicada a la Virgen de los Dolores de la Hermandad de la Vera-Cruz de Villanueva del Ariscal, donde el autor ha residido la mayor parte de su vida. 

Así nos refiere Antonio Hurtado Torres los detalles de la creación de esta obra y su trasfondo:

"Situado en la comarca del Aljarafe, privilegiada altiplanicie a la que los antiguos llamaron Vergentum Huerta de Hércules, a escasa distancia de la capital hispalense, se encuentra Villanueva del Ariscal, pueblo de honda tradición vinícola, imperturbablemente rodeado desde hace siglos de viñas y olivos -cual bíblica o romana ciudad- donde se sigue elaborando el vino a la antigua usanza y el tiempo se mide por los ciclos del campo y el tañer de las campanas; un pueblo, en suma, que aún, a despecho de la tiranía destructora de los tiempos modernos, conserva, felizmente, en gran medida el espíritu y la fisonomía que una vez tuvieron los pueblos de la Antigua España.

A imagen y semejanza de este espíritu es su hermandad de la Vera-Cruz, sobria, antigua, elegante, cuyas primeras noticias se remontan al siglo catorce, si bien su actividad cesó en la Segunda República y no volvió a organizarse hasta 1981. Con ella, teníamos mi hermano y yo una gran relación de cercanía desde última década del siglo pasado, que se ha ido acrecentando con el discurrir del tiempo, habiéndole dedicado cada uno de nosotros, en 1996, una serie de tríos de capilla que constituyen las primeras obras musicales que se dedicaron a la hermandad desde su principio. Fue pasando el tiempo, y dos décadas después de aquellas primeras composiciones, decidimos coronar dicha efemérides, así como las amables y constantes sugerencias en relación con la composición de una marcha para la Virgen que durante todo ese tiempo nos había hecho D. José Madrid, destacado y antiguo miembro de la Hermandad, no con una, sino con dos marchas: mi hermano dedicó una, Noche Oscura del Alma, al Cristo de la Vera-Cruz, impresionante crucificado de autor no conocido cuya hechura se estima en el siglo dieciséis (poéticamente, me parecen más interesantes y sugestivas las creaciones sin autor conocido, pues éstas, al liberarse de los límites de un autor y un tiempo concreto ingresan con más facilidad en los reinos de la leyenda y lo sobrenatural) ; y yo compuse otra dedicada a la Virgen de los Dolores, soberbia imagen atribuida al insigne artista sevillano José Montes de Oca, de alrededor de 1730: Esplendores de Oro y Llanto, estrenada en Villanueva del Ariscal el 30  de Enero de 2016, por la banda de San Antonio de Padua de la localidad, dirigida por D. Rafael Rebollo. Desde el principio, ambas marchas han sido acogidas por la hermandad a tal punto que puede decirse que se han convertido en sendos himnos al espíritu de las imágenes titulares.

(Antonio y David Hurtado Torres ante el paso de palio de la Virgen de los Dolores de Villanueva del Ariscal. Foto: Esteban Torres)

No concebí esta marcha como fúnebre, sino, en un sentido más amplio, como una marcha romántica, decimonónica, cuyo rango de expresiones oscila entre la gravedad de una íntima aflicción, una intensa añoranza, hasta las celestes regiones de un éxtasis triunfal; una marcha que se desenvuelve entre las brumas finales y los últimos ecos del siglo XIX que hubiesen sido, por mágico encanto, traídos de nuevo al presente, en comunión con el espíritu de la música de los autores clásicos de la semana santa sevillana, como José Font y Marimont, Vicente Gómez Zarzuela y Enrico Petrella, quien, aunque nunca escribió ninguna marcha para Sevilla, una adaptación de la marcha fúnebre de su ópera Ione se convirtió, ya desde el siglo XIX, en una de las obras que forman el canon de la música de Sevilla.

La inspiración inicial parte de la evocación de la Virgen de los Dolores, cuyo palio profusamente iluminado en mitad de la noche por  la intensidad de su candelería dorada, se asemeja a un arpa de oro incendiada de notas y lágrimas ardientes.

Musicalmente hablando, Esplendores de Oro y Llanto se articula en una estructura ternaria y está íntegramente desarrollada de principio a fin a partir de un único motivo consistente en una negra con puntillo y corchea.

Tomando como referencia a efectos de medidas cronométricas la interpretación de la Banda Municipal de la Puebla del Río, en un concierto verificado en dicha localidad el 28 de febrero del 2016, dirigido por Cristóbal López Gándara, procedemos a comentarla:

 

La marcha comienza con una introducción construida sobre el motivo de negra con puntillo y corchea, expresando a media voz una idea solemne, doliente, que se va elevando poco a poco en una tensión de penetrantes disonancias hasta llegar a una culminación entrecortada en fortísimo, para caer de nuevo en la triste languidez inicial, dando inicio al tema principal, que comienza en el minuto  0:40 y llega hasta el 1:24. Aquí se inicia un segundo tema que parece evocar un grave cortejo que se alejara con  lentitud y pesadumbre sobre el horizonte de un atardecer otoñal de luz dorada que inunda toda la obra.

(Cristo de la Vera Cruz. Foto: Esteban Torres)

En el minuto 1:46 se sucede un enlace que conduce a la segunda sección, donde surge un tema en Fa mayor(1:56), de carácter sosegado, ensoñador, anhelante, que se desenvuelve en una atmósfera que parece emerger de la obra de un paisajista romántico, pintada con los esplendores de la luz  de uno de los últimos atardeceres del siglo XIX (tantas veces ya aludida por omnipresente); luz que de noche se hubiese refugiado en la candelería del paso de palio. Este tema se va poco a poco incendiando hasta una exaltación triunfal (3:27), donde da principio un puente(3:29) elaborado con uno de los motivos que aparecían en la introducción(0:14), y que aquí conduce a la reexposición no exacta, en fortísimo, de la primera sección (3:45), para concluir en un paisaje sombrío donde el sol ya se ha puesto".

Esta es la interpretación de Esplendores de Oro y Llanto por la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, del siete de marzo del 2019, bajo la batuta de D. Guillermo Martínez Arana.

 


Antonio Hurtado Torres nace en Sevilla. Pertenece a una familia de amplia tradición musical: sobrino nieto de Juan Valderrama e hijo de la cantaora Lola Valderrama. En el conservatorio  de su ciudad realiza los estudios superiores de Armonía, Composición, Contrapunto y Fuga; Solfeo, Teoría de la Música, Repentización, Transporte y Acompañamiento, obteniendo también el título de Profesor de Piano. Ha publicado diversos libros de gran éxito sobre musicología e historia del Flamenco, en los cuales ha colaborado su hermano, David, como El Arte de la Escritura Musical Flamenca(1998), donde se transcriben al pentagrama  y se estudian en detalle diversos cantes flamencos antiguos; el estudio y transcripción de antiguos cantes campesinos La Voz de la Tierra(2002), y La Llave de la Música Flamenca(2009), un libro revolucionario que desmonta con una abrumadora cantidad de datos la idea tradicional mitificada que se había venido manteniendo sobre el flamenco, relacionándolo ahora en este trabajo con el Barroco Hispánico y el mundo afro-hispano-americano. Esta publicación, junto a los dos libros precedentes, se ha convertido en un clásico de referencia en el estudio del arte flamenco y la música andaluza.

En el año 2000, Antonio Hurtado Torres publica el trabajo discográfico de música de cámara flamenca Pentagrama Flamenco, donde, junto con otros instrumentos inéditos hasta entonces en el flamenco,  como la viola da gamba y el oboe, Antonio Hurtado Torres, junto a su hermano interpreta al piano composiciones musicales flamencas propias, así como transcripciones musicales contenidas en el primero de los tres libros mencionados. También en el 2000, Antonio y David Hurtado Torres, presentan en el Teatro Lope de Vega  de Sevilla el espectáculo musical El Oro de las Hespérides.

Desde el 2004 al 2006 ocupa la Cátedra de Flamencología del Conservatorio Superior de Córdoba, habiendo sido por tanto el primero, junto a su hermano, en ocupar tan histórico puesto. Posteriormente, desarrolla su labor docente musical  en el campo de la Armonía y la Teoría de la Música en distintos conservatorios: Cádiz, Huelva y Sevilla.

Ha impartido numerosas ponencias sobre flamenco y musicología en distintos ciclos, como  Pensar el Flamenco desde las Ciencias Sociales, Granada, 2003, Festival de la Unión, 2010, y ha colaborado con artículos en diversas revistas especializadas como Música Oral del Sur, El Olivo, Alboreá, así como el periódico El Correo de Andalucía.

 

 

Como compositor tiene en su haber obras en diferentes estilos, entre las que cabe destacar algunas de ellas:

Tríos de capilla para el Cristo de la Vera-Cruz de Villanueva del Ariscal: Iuxta Crucem, y Lamentación(1996); Espuelas de Luna,  Seguirillas de concierto para piano (1999);Fiesta bulerías para piano y oboe(1999); Diptico Lorquiano,evocaciones  para piano (2001);Música Cautiva, ciclo de canciones con acompañamiento de piano sobre poemas de Luis Cernuda(2002); Aeterne Rex Altissime (2005),aria para soprano y orquesta de cuerda; Te ví un punto y flotando ante mis ojos, canción para soprano y piano sobre un poema de Bécquer(2005); El Canto de los Campanilleros, villancico para coro y banda, encargo de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla(2007);Tríos de capilla para la Hermandad de la Vera-Cruz de Sevilla: Hodie Mecum Eris in Paradiso, y Cristo yacía en los brazos de la muerte(2011);Luz y Gloria de Sevilla(2011), marcha oficial conmemorativa dedicada a la Hermandad de los Panaderos de Sevilla con motivo de su viaje a Madrid en la Jornada Mundial de la Juventud; O Beati Viri Benedicti, coral con acompañamiento de orquesta dedicado a Benedicto XVI en su visita a España durante la Jornada Mundial de la Juventud, compuesto a la par que la marcha Luz y Gloria de Sevilla, y que fue entregado al Pontifice durante su estancia en Madrid(2011); Me ha herido recatándose en las sombras, Canción para barítono y piano, sobre poema de Bécquer(2011);Christus Perpetua Gaudia Det Vobis,Aria para soprano y orquesta de cuerda(2012);Saeta de las Aguas(2012), para soprano y orquesta o banda sinfónica, sobre un poemade José Luis Ortiz Nuevo, dedicada a la Virgen de las Aguas de la Hermandad del Museo, de Sevilla, estrenada por la Orquesta Sinfónica de Córdoba, en su Gran Teatro, y por la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, en la Catedral Hispalense,en su versión de banda y soprano;Flores Marchitas,Trío de capilla dedicado al la Hermandad del Santo Sepulcro de Córdoba(2012), Lux in Tenebris, meditaciones corales sobre el Purgatorio, la Redención y la Gloria, para la Festividad de Todos los Santos, para coro a cinco voces y conjunto de metales(2015),estrenado por El Coro de la compañía Sevillana de Zarzuela, acompañados por un conjunto de metales de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, bajo la dirección de Francisco Javier Gutiérrez Juan, en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, de Sevilla en Noviembre del 2017, en el concierto inaugural del V Congreso Nacional de Bandas "Ciudad de Sevilla" ; Esplendores de Oro y Llanto(2015/2016),marcha romántica dedicada a la Virgen de los Dolores de la Hermandad de la Vera-Cruz del pueblo sevillano de Villanueva del Ariscal.

De 2014 es una marcha aún inédita, dedicada a la Esperanza Macarena, cuando se cumplía medio siglo desde su coronación; y de 2019, Corona de Amor y Espinas, Marcha Renacentista para el Señor de la Hermandad de la Corona de Sevilla, estrenada en el Patio de los Naranjos de la Catedral hispalense el pasado Viernes de Dolores, a la entrada del Cristo.

(Cristo de la Vera Cruz de Villanueva del Ariscal. Foto: Manuel Castro Juncá)

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