La mejora permanente de las escuelas de música: el fin del inmovilismo, un artículo de Manuel Tomás

Un artículo del profesor de oboe del Conservatori Profesional de Música de Torrent, Manuel Tomás Ludeña, analizando los posibles márgenes de mejora de las escuelas de música.

 

 

“Sin un comandante en jefe, ningún ejército puede ganar una batalla y menos una guerra“. 
 Julio César

Iniciamos una serie de artículos relacionados con el liderazgo, la gestión y la dirección de las escuelas de música. Vamos a intentar reflexionar en voz alta sobre cómo se está ejerciendo la función directiva en estos centros y, sobre todo, vamos a articular propuestas de mejora susceptibles de ser impulsadas por los directores/as para incrementar la calidad educativa y la mejora de los resultados.

Como ya hemos expresado en múltiples ocasiones, el ejercicio de la función directiva es uno de los pilares que inciden directamente en la calidad educativa en cualquier enseñanza. Numerosos estudios internacionales establecen con claridad los aspectos que mejoran sustancialmente los resultados educativos. Son tres:

- La calidad del profesorado. Según el Informe Mckinsey, “el techo de un sistema educativo es el techo de su profesorado”.
- La calidad en el ejercicio de la función directiva. Es necesario disponer de un buen director/a.
- La relación y la colaboración entre las familias y el centro educativo.

Recientemente, desde las administraciones y también desde los propios centros se está generalizando la idea, muy sensata por cierto, de que una buena dirección mejora sensiblemente la escuela de música. La administración educativa lo tiene cada vez más claro y también la FSMCV, en el caso de la Comunitat Valenciana. Aquellas escuelas que dependen de entidades locales y ayuntamientos también han entendido desde hace varios años que una buena dirección es necesaria, aunque a veces se hayan equivocado colocando gestores culturales en unos puestos que deben ser ocupados y desarrollados por gestores educativos.

Un proceso de madurez se va instalando y nuestras escuelas son cada vez más conscientes de que no es solo necesario buscar al mejor profesorado, sino también al mejor director/a, responsable del proyecto educativo, formado adecuadamente y con competencias desarrolladas en varios ámbitos. Ya reflexionamos sobre ello en un artículo pasado, “Buscando a Superman o Superwoman”.

Analicemos la situación actual, en la que tenemos mucho margen de mejora. En muchas escuelas de música no existe la figura de un director profesional. A veces, el responsable es el miembro de la Junta Directiva, que a lo mejor no es músico. Algo realmente meritorio, pues no disponemos de la financiación adecuada para profesionalizar la dirección. Pero, con todos los respetos, no es la mejor opción.

En un estadio más elevado, encontramos a un director o responsable que es un buen profesional de la música o profesor de conservatorio que tiene un criterio más elevado y experiencia, ello le permite cierta autoridad sobre el resto del profesorado. Sin embargo, en muchas ocasiones sigue sin tener las competencias necesarias para ejercer una dirección profesional. Estos directores/as desconocen la diferencia entre una escuela de música y un conservatorio y acaban convirtiendo la escuela de música en un pseudoconservatorio elemental.

En medio de todo esto, aparece el director de la banda, sin duda el profesional con más ascendencia dentro de la sociedad. Un verdadero peligro para la escuela de música si no dispone de una formación y de una sensibilidad adecuadas. Y una gran suerte si nos encontramos ante una persona formada y con criterio educativo, cosa que suele ocurrir en la mayoría de los casos.

A veces, los directores de las bandas están demasiado obsesionados por mejorar el “nivel” artístico de la agrupación. Nada que decir. Ahora bien, si para ello el régimen de funcionamiento se asemeja a una agrupación profesional, si desilusionamos a los aficionados que no buscan profesionalización, si organizamos la escuela como un centro educativo de élite para dar respuesta a estas exigencias, hay bastantes papeletas para acabar siendo un desastre y quedarnos con una exigua matrícula y una gran legión de frustrados y desilusionados.

Bueno, siempre quedarán las bandas de jubilados, que están proliferando para integrar a nuestros músicos mayores de edad que han sido “invitados” a abandonar nuestras bandas por falta de nivel y mucho ruido en los ensayos.

Ya hemos hablado también sobre las escuelas de música públicas, dependientes de los ayuntamientos. Éstas no suelen tener los problemas económicos de las entidades sin ánimo de lucro. Aunque se equivocan cuando contratan a gestores culturales para la dirección. Estos profesionales son muy capaces para dinamizar culturalmente la escuela, organizar audiciones y actividades extraescolares pero, en el mayor de los casos, son incapaces de articular un proyecto educativo porque no disponen de la formación adecuada y no han pisado nunca un aula.

Esto es lo que hay. Si encontramos un profesional con criterio que organice la escuela de manera sensata con un proyecto educativo integrador e inclusivo y que sea capaz de dialogar y pactar con el resto de profesionales será mucho mejor. Y el proyecto artístico y el proyecto educativo se alimentarán mutuamente. Este es el camino que iremos desgranando en los próximos artículos.

Sobre todo esto vamos a reflexionar, centrándonos ya en propuestas concretas y en tareas que se pueden organizar desde el liderazgo de las escuelas para incrementar su calidad. Hablaremos sobre los contenidos y la gestión de un proyecto educativo. Sin proyecto educativo, no hay escuela. Sin planificación educativa, cada uno hace lo que quiere, la escuela de música adolece de una personalidad propia y cada profesor actúa como en un estado de taifas desde su propia aula. Al final, la rutina se impone, no se valoran las necesidades de la comunidad educativa ni se analiza el contexto y sale lo que sale; unas veces mejor, otras peor. Pero nadie ejerce un liderazgo y mando desde la escuela.

Hablaremos también sobre la formación del profesorado, una formación desde el propio centro que debe identificar los puntos débiles para incidir en ellos. No se trata de hacer cursos y cursos que mejoran las competencias individuales del profesorado. Se trata de formar al profesorado para que sea capaz de aplicar el proyecto educativo establecido. Lo que se llama comúnmente la formación en centros.

Abordaremos la evaluación de los resultados. Ya se sabe, lo que no se evalúa se devalúa. Explicaremos cómo evaluar los resultados de la escuela, los criterios y los procedimientos más útiles y adecuados. Siempre desde una mirada diferente. En cualquier caso, evaluar y mucho.

Y muchos más aspectos: cómo innovar en las escuelas, cómo conseguir que el profesorado trabaje en equipo y muchos temas que consideramos apasionantes. Todo ello siendo conscientes de las dificultades y de las deficiencias económicas que padecemos en muchas de nuestras escuelas (pero en otras no). Intentaremos ser realistas, como siempre.

Hay mucho margen de mejora y a todos nos queda mucho por aprender. Desde la quietud, la autocomplacencia y la rutina, las necesidades de la sociedad quedarán insatisfechas mientras contemplamos nuestro propio ombligo. Si los titulares y los dueños de las escuelas de música son conscientes, todo mejorará, desde lo educativo hasta lo económico. Inviertan en liderazgo, no se arrepentirán.

Apasionante, como siempre.

Manuel Tomás Ludeña 
Professor d'oboe i exdirector del Conservatori Professional de Música de Torrent i exsecretari Autonòmic d'Educació i Formació
Artículo publicado en www.manueltomas.es 

 

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