'Música y Músicos Militares. Juan Bautista Meseguer Llopis', un artículo de Antonio Santodomingo

En este artículo se ofrece un breve recorrido por el itinerario profesional de uno de los músicos más sobresalientes del panorama bandístico actual en España, además de destacar algunas de sus obras más representativas, de las que obtendremos los principales rasgos de su estilo compositivo.

También trazo varias pinceladas sobre el Cuerpo de Músicas Militares al que pertenece.

 

 

Si consideramos la definición cuarta de la entrada «Humanismo» en el diccionario de la Real Academia Española, en la que podemos leer «Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos», Juan Bautista Meseguer Llopis (Alberic, 1959) es un humanista del siglo XXI. Relacionando el humanismo con la generosidad y la preocupación por la valoración de los atributos y las relaciones personales, Meseguer es especialista en estimar a la persona y a la condición humana. Así lo acreditan multitud de músicas y músicos que han compartido atriles con él, como un profesor de música y baile de Alzira que le dedica frases como esta: «A la persona que com a music em va fer tornar a tindre ganes de tocar i disfrutar de la meua feina». O esta otra de un profesor de bombardino de Llíria: «No me puedo olvidar de Juan Bautista Meseguer Llopis, gracias a quien fue mi director por unos años, por ayudarme a crecer como Músico y persona…».

Meseguer Llopis y el Cuerpo de Músicas Militares

El maestro alberiqueny ingresa por oposición en el cuerpo de músicos del Ejército de Tierra en el año 1980 para cubrir vacante de suboficial músico. Su primer destino como profesor de saxofón fue en la Música ‒así se denomina a las bandas de música en el ámbito castrense‒ del Gobierno Militar de Burgos. Posteriormente en 1993 obtendría plaza por oposición para la entonces Escala Superior del nuevo Cuerpo de Músicas Militares. Desde aquel momento ha sido director titular de varias agrupaciones militares y también civiles, como la Unidad de Música del Gobierno Militar de Tenerife, la Unidad de Música del Gobierno Militar de Barcelona, la Banda Sinfónica Unión Musical de Tarragona, la Unidad de Música del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad de València y la Unidad de Música del Regimiento Inmemorial del Rey nº 1 de Madrid. 

Su concepción de la dirección se basa en el estímulo positivo dirigido a los músicos mediante el diálogo y el intercambio de conocimientos para unificar una puesta en común de puntos de vista diversos. De esta forma, Meseguer huye de la imposición de un único criterio autoritario y busca la confluencia musical. Así lo acreditan sus propias palabras en la entrevista realizada por Cecilia Ortuño para Nuestras Bandas de Música y publicada el pasado 16 de abril de 2020: «El director tiene que ejercer su liderazgo en la tarima, pero también tiene que saber que en el atril tiene un grupo de profesionales dispuestos a darle todo aquello que les pida desde un punto de vista artístico… Me gusta interactuar con el músico, es decir, explicarle qué he visto en una partitura para versionarla, y de esta forma hacer más entendible el porqué de una determinada concertación, creando así un vínculo más estrecho entre el director y sus músicos.» Esta noción de la dirección y del liderazgo ofrece como resultado unas interpretaciones muy compactas y equilibradas, fruto de una potente colaboración y diálogo entre todas las partes.

Meseguer Llopis acaba de ascender al máximo grado de los músicos militares actualmente en activo, el de coronel músico, quienes forman el CMM con 690 miembros agrupados en dos escalas, la de oficiales y la de suboficiales; y a la vez, están definidos por dos especialidades fundamentales, la de dirección y la de instrumentista. Las 26 bandas de música existentes en la actualidad se distribuyen, una en la Guardia Real en Madrid, una en la Guardia Civil en Valdemoro con dependencia administrativa del Ministerio del Interior pero que se nutre de miembros del CMM, tres en los Cuarteles Generales de los Ejércitos y de la Armada en Madrid y Getafe, tres en las Academias Generales de Zaragoza, San Javier y Marín; además de 18 bandas territoriales repartidas por la Península, Islas Baleares, Canarias y Ciudades Autónomas. El número de profesoras y profesores en cada una de ellas oscila entre 72 para la Música de la Guardia Real y 20 para las bandas territoriales ‒sin contar al personal de tropa ni a los militares de complemento ni reservistas‒ aunque en algunas de estas últimas como la de Ceuta, solo están ocupadas 14 plazas. Esto es debido al déficit que arrastra el cuerpo desde hace años de unas 45 vacantes que no se consiguen completar con el insuficiente número de plazas que se ofertan anualmente a oposiciones.

Las bandas de música militares también están formadas con componentes de la Escala de Tropa y Marinería. Estas plazas con la especialidad de música son convocadas mediante varios ciclos anuales por la Armada y los Ejércitos de Tierra y del Aire. Estas músicas y músicos necesitan promocionar ingresando mediante oposición en el CMM y para ello precisan de las 45 vacantes que existen desde hace varios años, además de las que se van produciendo anualmente.

Así pues, se trata de un cuerpo de ámbito estatal que se crea en 1989 y que junto con los tres cuerpos Militar de Intervención, Jurídico Militar y Militar de Sanidad, forma parte actualmente de los Cuerpos Comunes de la Defensa. Antes de su unificación, mediante la cual, Defensa concentró la gestión de personal con criterios de economía de medios, estaba integrado en cada uno de los dos ejércitos de Tierra y Aire, y de la Armada.

El joven CMM hereda la tradición bandística militar española que tanto había marcado con influencias de ida y vuelta, en la creación de las bandas municipales a finales del siglo XIX y principios del XX, así como en las bandas no profesionales. Algunos importantes nombres de este acervo fueron los músicos militares José de Juan y Tomás García Coronel, considerados los padres de la escuela de trompeta en España; el profesor de Alabarderos Juan Marcos y Más quien en 1893 publicó uno de los primeros métodos de sarrusofón y saxofón; Antonio Moreno y Andía, Mariano San Miguel y Miguel Yuste, quienes con su gran labor editorial y pedagógica reunieron a varias generaciones en torno a la escuela clarinetística española; el músico mayor también de Alabarderos, Bartolomé Pérez Casas, quien fue el primer director titular de la Orquesta Nacional de España; Pascual Marquina, quien nos ha legado un repertorio de zarzuelas de alta calidad además de un destacado número de grabaciones discográficas históricas con las bandas militares de Ingenieros de las que fue su músico mayor, y que tantas satisfacciones nos está dando en la investigación del estilo interpretativo de las bandas de música durante el primer tercio del siglo XX. Y tantos otros más cuya enumeración sería interminable.

Como efemérides importantes de esta solera bandística a la que nos estamos refiriendo, podemos citar tres ejemplos destacados. El primero es la participación en 1883 de la banda del primer Regimiento de Ingenieros dirigida por Eduardo López Juarranz, en sendos concursos celebrados en Bayona y Biarritz en los que consiguen una medalla de oro y una corona de plata, respectivamente. El segundo tiene lugar en 1893 cuando la banda del Regimiento de Infantería Zaragoza número 12, dirigida por Francisco Martínez, participa en la Exposición Universal de Chicago, con exitosos conciertos durante el viaje en Santa Cruz de Tenerife, La Habana, Nueva York y Chicago. Y el tercero lo protagoniza la Banda Republicana española ‒antigua de Alabarderos y actualmente de la Guardia Real‒ dirigida por Emilio Vega, quienes asisten en 1933 a un festival benéfico en París, junto con otras siete bandas militares europeas ligadas la mayoría de ellas a las jefaturas de estado de sus respectivos países. El impacto en la prensa de estas misiones en el exterior de tan destacadas bandas de música militares españolas fue enorme, llegando a ocupar primeras planas en rotativos de tirada nacional como ABC; demás de la divulgación internacional del repertorio español que tan buena acogida obtuvo, según la prensa consultada.

Esta antigua tradición bandística ya despertó el interés de los historiadores y musicógrafos Ricardo Fernández de Latorre y Antonio Mena Calvo, quienes han dedicado la mayor parte de su vida a la divulgación editorial de la labor de las bandas de música militares. Y más recientemente, la joven musicología española también está prestando su atención a tratar temas relacionados con las bandas de música militares como por ejemplo con las tesis doctorales de Vicenta Caudeli sobre La Unidad de Música del Cuartel General del Mando de Canarias, la de Eva María Folch sobre El Centro Docente de Música Militar en España, la investigación en curso de Joaquín Grau en la Universidad de Salamanca sobre los músicos mayores militares o los numerosos artículos sobre música militar que ha publicado el investigador Frederic Oriola Velló.

En la actualidad, las bandas de música militares también son capaces de crear auditorios estables y seguidores fieles mediante temporadas temáticas de conciertos. Dos buenos ejemplos son Primavera Musical en Palacio creada en 1988 por la Unidad de Música de la Guardia Real en colaboración con Patrimonio Nacional y que cada mes de mayo tenía lugar en el Campo del Moro del Palacio Real de Madrid y en la actualidad, en su Puerta del Príncipe. Más de un centenar de profesoras y profesores colaboraron en la puesta en marcha y consolidación del ciclo, liderados por otro grande de la música de banda, Francisco Grau Vegara.

Y el siguiente caso es el Ciclo de Conciertos de la Unidad de Música Militar del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad de València. Esta serie ya ha alcanzado la edición número XXXVIII y tiene lugar en el Salón del Trono del antiguo Real Convento de Santo Domingo de la capital del Turia. Meseguer Llopis fue el director musical de este ciclo desde 2010 hasta 2016. En él supo recoger la herencia de sus predecesores y combinarla con un importante esfuerzo en cuanto a la ampliación del repertorio, interpretando numerosas piezas de nueva creación.

 

 

El compositor Meseguer Llopis

El maestro Meseguer Llopis merece un puesto entre los grandes de la música militar española, además de por su permanente afabilidad en el trato con las músicas y músicos de las bandas que ha dirigido, por el alto nivel musical conseguido en sus conciertos, así como por la calidad de su legado compositivo. En este sentido, cabe decir que es autor de unas 245 composiciones que van en aumento cada mes, realizadas la gran mayoría de ellas durante las últimas dos décadas, aunque fue a partir de 2010 cuando su creatividad se disparó. Así lo reconoce el propio autor en una entrevista realizada por Octavio Hernández Bolín y publicada el 31 de enero de 2019 por Las Provincias: «En 2010, al volver destinado a Valencia, fue una auténtica eclosión: mi música empezó a interpretarse por muchas de nuestras bandas y comencé a recibir encargos de todo tipo de trabajos».

 

Es muy destacable su producción para banda y sus piezas camerísticas. De entre estas últimas sobresalen sus lieder y sus seis sonatas para piano, de las cuales, las cinco primeras han sido interpretadas el pasado 29 de abril de 2020 en un concierto online por alumnos del profesor Antonio Morant Albelda del Conservatorio Superior de Castellón. Precisamente la Sonata nº 3 para piano «Anthony» (2015)  está dedicada a Antonio Morant, en la que el tratamiento modal se fusiona con un interés por resaltar las características tímbricas del instrumento y donde se puede observar un importante avance en la complejidad técnica respecto de sus dos antecesoras.

También sobresale de entre su obra de cámara, algunas piezas como Baq-Etum (2012) para marimba, vibráfono y piano ‒dedicada a Miguel Mateu Albero‒ donde se combina lo modal y lo tonal, unas melodías muy relumbrantes y una importante complejidad técnica de la marimba sobre todo en el último movimiento. Otra obra subrayable de su catálogo es Tres dances (2011) para cuarteto de clarinetes ‒dedicada al Cuarteto Vert‒ en la que el virtuosismo se sacrifica en favor de la sencillez y claridad en la exposición de ideas y el juego rítmico, además de estar presente su característica combinación entre lo tonal, modal y cromático. También algunas piezas para instrumentos solistas como Colors (2017) para clarinete solo ‒encargo de Josep Fuster‒ y dividida en dos secciones fuertemente contrastantes que recogen desde la indefinición tonal hasta el virtuosismo técnico. Además de la obra para fagot y piano El duende encantado ‒dedicada a Joan Sapiña‒ en la que desarrollar la unión sucesiva de ideas sin determinar una estructura formal preconcebida. Ideas impregnadas de sencillez y delicadeza combinadas con intensos pasajes virtuosísticos, todo ello sobre una base armónica donde compagina su trabajo tonal y modal tan representativo.

Su obra para clarinete y piano merece un trato especial. Gran parte de ella aparece recogida en un reciente trabajo discográfico editado por Columna Música y titulado «El clarinete mágico» (2019). Esta grabación es el quinto volumen de la serie «Música Virtuosa» y además, ha sido nominado a los premios Enderrock 2020 en su modalidad de música clásica. Josep Fuster al clarinete y Francisco Hervás al piano interpretan nueve piezas del compositor Meseguer Llopis, como son Añoranza, Concertante, Airun, Concertante 2, Meditación, Emiran, Pensamiento, Colors y finalmente la que da nombre al CD, El clarinete mágico. Se trata, esta última, de un poema descriptivo en un único movimiento, en el que todos los elementos quedan subordinados a la comprensión del discurso musical, desde la alternancia en el diálogo entre el clarinete y el piano, hasta los pasajes más virtuosísticos, pasando por una construcción armónica puramente modal.

De entre su producción bandística podemos destacar la Suite festiva (2004) interpretada por grandes bandas como la Municipal de València, y que fue obra obligada en la tercera sección del Certamen Internacional de Bandas de Música «Ciutat de València» en su edición de 2014. Sus cuatro movimientos ‒Marcha, Galop, Vals sentimental y Burlesque‒ configuran una obra de gran potencia rítmica, dinámica y tímbrica, con un lenguaje armónico muy colorista que se mueve entre la tonalidad y la modalidad. Además, posee una fortísima carga emotiva, sobre todo en el vals, ya que el tema principal es tomado de la marcha Nostra Senyora del Rosari que nuestro autor dedicó a su madre varios años antes. Este mismo tema también aparece en el último movimiento de su Sonata nº 5 para piano (2017).

Es muy notable su Sinfonía nº 1 para banda (2015) subtitulada El bosque encantado, que fue estrenada por La Artística de Buñol ese mismo año, y seleccionada en 2017 por la Diputació de València dentro de la campaña Retrobem la Nostra Música. Los cinco movimientos de esta pieza se basan en una bella fábula escrita por el propio compositor alberiqueny donde termina imponiéndose la pureza y el amor sobre la maldad y la vileza, todo ello con un potente apotegma en el que el autor reflexiona sobre lo que verdaderamente sirve para acercarnos a la felicidad. Nuevamente asistimos a la unión entre nobleza humana y calidad artística, cualidades ambas que le son innatas. 

También es subrayable su Bolero for band, breve pieza de unos cinco minutos de duración que destaca por su sencillez melódica y estructura simétrica. Fue interpretado, junto con su poema sinfónico La Marqueseta 1813, por la Stadtharmonie Amriswil ‒dirigida por Jordi Bertran Sastre‒ el pasado 15 de diciembre de 2019 en la Evangelische Kirche de Amriswil (Suiza). El concierto tuvo muy buena acogida por parte del público que llenó la sala, según reseña escrita por Barbara Hettich para TAGBLATT y publicada el 16 de diciembre de 2019. Bolero for band también se oyó con anterioridad, en un concierto en Madrid por la Banda conjunta del Ministerio de Defensa español con motivo de las celebraciones de la Fiesta Nacional de España 2017. No podemos olvidarnos de sus composiciones para orquesta como el temprano y juvenil Concierto para Violín y Orquesta en Do mayor subtitulado «El Estudiante», ya que fue escrito durante sus primeros años de formación.

El principal recurso de su estilo compositivo recae en el desarrollo melódico, del que van surgiendo todos los demás elementos mediante la coherencia musical que él mismo equipara con la «continuidad sinfónica». Otorga mucha importancia a la combinación del trabajo tonal con el modal, además de alguna incursión en la atonalidad como en su todavía inédita Sonata nº 6 para piano (2020). Además, es un gran especialista en el uso del recurso programático. Son numerosas sus obras que se basan en una idea extramusical y que consigue plasmar de forma notable en sonidos y silencios, ofreciendo como resultado unas obras descriptivas muy visuales. Y por encima de su técnica y estilo compositivo, sobresale su principal objetivo que en sus propias palabras es «el disfrute de la música por parte de los tres vértices del triángulo musical: compositor, intérprete y público».

Muchas de sus composiciones han sido editadas por distintas editoriales como  Rivera Música, Boileau Editores, Musicvall / Edicions Musicals CB y Tot per L’aire y han sido interpretadas en concursos, conservatorios y oposiciones ‒por ejemplo en el Certamen Ciutat de València‒ como en circuitos internacionales ‒en la Fryderyk Chopin University of Music de Varsovia o en la ciudad suiza de Amriswil ‒ así como por estudiantes que están finalizando su formación. De esta forma lo atestigua un alumno de piano del Conservatorio Superior de Castellón durante el confinamiento por la Covid-19, quien escribió un breve mensaje en su red social equiparando la música de Meseguer con piezas de grandes autores de la historia de la música: «Cuarentena con obras de Beethoven, Chopin, Enescu, Meseguer y Dvrorak».

Coda

Juan Bautista Meseguer Llopis pertenece además, a la lista de grandes músicos militares que son estimados y respetados por la inmensa mayoría de las profesoras y profesores de las músicas militares. Ha conseguido el hecho nada fácil, del reconocimiento y la consideración de los suyos, al mismo tiempo que ha prestigiado el cuerpo de músicos al que pertenece. También ha alcanzado idénticos logros en el tejido bandístico civil por la calidad de su producción compositiva para banda y piezas de cámara para instrumentos de viento y percusión. Ha despertado el entusiasmo de jóvenes músicas y músicos que en sus últimos años de estudios en los conservatorios, se interesan por sus obras para instrumentos solistas como el piano y que interpretan en sus recitales. En conclusión, ha creado vínculos de ida y vuelta y confluencias entre bandas de música militares, bandas de música civiles, músicos solistas, profesores de los conservatorios y estudiantes de los mismos. 

Grabación de Bolero for band de Meseguer Llopis, Banda conjunta del Ministerio de Defensa, Meseguer Llopis (dir.), Madrid, 2017.

Antonio Santodomingo Molina 23/07/2020

Miembro de la SAM La Vall de Càrcer, de la Comisión de Trabajo «Bandas de Música» de la Sociedad Española de Musicología y de la Internationale Gesellschaft zur Erforschung und Förderung der Bläsermusik. Finalista en los Premios Ejército 2016 en su modalidad de «Ciencias Sociales y Humanidades» y ganador del Awards the IGEB-Research Prize 2018 de la International Society for Research and Promotion of Wind Music. Doctor en musicología por la Universidad Complutense de Madrid.

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