Los estilos exagerados

La temporada pasada de conciertos escuché por tres veces el Concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol Mayor del compositor austríaco J. Haydn.

La obra es una de las últimas composiciones que compuso Haydn para un instrumento solista y una de las primeras para trompeta de llaves y como podemos suponer estaba escrita en el más puro clasicismo, pero eso no es lo que los instrumentistas que tuve el gusto de escuchar y admirar pensaban de la obra en cuestión, y ello pese a que se trataba de verdaderos artistas, con una técnica, sonido y condiciones físicas extraordinarias y los tres solistas la interpretaron de tal manera que más bien parecía una obra 'rococó' que clásica, tantos eran los adornos que añadieron de su cosecha a la composición, sobre todo en el segundo tiempo, 'Andante'.

Cualquier músico profesional e incluso un buen aficionado que no conociera la obra y se le hubiera preguntado por el estilo de ella, hubiera contestado sin titubeos que se trataba de una obra de Marcelo, Albinoni, Gabrieli u otro compositor del barroco italiano o más bien de Couperín, o Lully  ambos del estilo rococó francés como anteriormente hemos apuntado. Este servidor no daba crédito a lo que estaba escuchando, ¿Acaso los citados artistas en sus estudios del conservatorio de música solo habían estudiado solfeo y técnica trompetística, habían acabado los estudios de música sin asistir a las clases de estética e historia o quizás querían servirnos, crear una obra nueva, distinta del concierto del maestro Haydn, padre de la sinfonía y del cuarteto de cuerda? ¡No sé! Pero lo cierto es que este servidor alucinaba con esas nuevas versiones de la obra haydiniana. ¿No hay en la obra y  señaladas por el compositor dos cadencias en las cuales el artista de turno puede añadir de su cosecha y dentro de los temas desarrollados por el compositor de cuantos adornos y filigranas se le ocurran y quepan dentro de sus posibilidades técnicas? ¿Qué necesidad tan imperiosa tenían de tergiversar el estilo de una obra que de por sí es una gran obra de arte? ¡Incomprensible, pero cierto! y es que a menudo los grandes instrumentistas tienen esas extravagancias, esas manías, añadiendo adornos de su cosecha e incluso bailando, saltando… cómo algún que otro gran violinista de éxito que todos conocemos.

Incomprensible, puesto que la música y menos la que llamamos clásica esas exageraciones más bien la afean. Este servidor sugiere que los tales artistas escriban sus propias obras sus propias composiciones, con toda clase de adornos y dificultades, cómo hacía en su día el gran violinista Paganini, con sus conciertos y preludios, o sin irnos tan lejos, nuestros paisanos: Pablo de Sarasate y Jesús de Monasterio, aunque este último jamás abandonó su línea clásica, pese a recibir en París la medalla de plata por sus 'estudios artísticos'. En fin, que la interpretación, la escucha de la obra de Haydn del más puro clasicismo, dañaba tanto a los oídos, cómo a la vista  si  a la entrada del Partenón se construyera una portada barroca. ¡ALUCINANTE!

En el 'Otoño Musical Soriano' 23 edición, año 2015, tuvimos el privilegio de escuchar y admirar al gran investigador y cellista, o mejor 'violagambista' español Jordi Savall, al cual conocí de primera mano gracias  al maestro de ceremonias  actual de nuestro 'Otoño Musical' José Manuel Aceña, y guardo con cariño y reverencia una fotografía con él después del concierto, concierto que fue una gozada de música, de didáctica y de saber estar en el escenario, no fue necesario bailar, saltar, adornar, añadir, ni quitar, puesto que la música en si ya lo expresaba todo y con el maestro Savall la música reinaba en el escenario con  su inseparable viola de gamba; nos la trasmitía sin aditivos ni sucedáneos a todos los oyentes de la sala del 'Palacio de la Audiencia' y nos hizo vibrar con las obras del más puro estilo de los siglos XVI, XVII y XVIII,  impartiendo explicaciones de su maravilloso y depurado magisterio musical, mostrándonos y haciéndonos gozar con un ejemplo de técnica, estética y ética,  y es que la música no necesita aditivos, en las partituras está escrito todo cuanto hay que decir. Una diva famosa le dijo un día al gran  director Arturo Toscanini: "Maestro, sepa que yo hago una versión distinta de la Traviata que la de la Callas". El maestro Toscanini le contestó: "Me conformo y espero que haga usted la versión que Verdi escribió en la partitura".    
                               

Manuel Castelló

Puedes hacer comentarios!

CALENDARIO DE EVENTOS

Noviembre 2017
L M X J V S D
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30