‘Los Ecos del Viento’, valores de una banda de música

El director de la Banda Municipal de Bilbao, José Rafael Pascual-Vilaplana, reflexiona sobre los valores que aporta ser músico de banda.

Por las rendijas de una vieja ventana entraban los primeros rayos de sol junto al sonido de un paso doble interpretado por la banda de mi pueblo. Era tan habitual y sencillo que en aquel momento no me daba cuenta de lo afortunado que era.

Las bandas de música forman parte del ecosistema de mi  tierra, una tierra entre montañas y el Mediterráneo, con luz clara y fuerte, con clima contrastante pero sereno, una tierra de viñedos,  naranjos,  olivos y almendros en donde las notas de los instrumentos de viento y percusión son el aliño perfecto de una cultura de raíz, más que centenaria, en donde la música no es un objeto de culto más, sino  que forma parte de la propia esencia de la sociedad.

Las bandas de música  han sido el germen de la vida cultural de los núcleos de población más pequeños. Desde ellas se organizaban ejes sociales y culturales que dinamizaban el devenir de sus gentes.     Aprendías solfeo como quien aprendía a hablar, descifrando desde bien pronto un lenguaje no  solo universal sino además un lenguaje de libertad.

Con la música el valor de la libertad se entiende de forma vehemente: una misma partitura puede tener la libertad de ser interpretada de forma distinta según el tamiz de quien se adentre en ella. Pero además, quien la escucha, tiene la libertad de  entender  de  forma distinta un mismo mensaje. Y eso es el arte, desnuda alegoría de la libertad y del respeto por todo aquello diferente que nos puede  rodear.

 

Las bandas de música de nuestros pueblos han sabido utilizar como nadie este poder activo en la educación integral de quienes hemos bebido de sus  aguas, bien como músicos, bien como directivos, bien como seguidores  oyentes... Una banda de música pasa por ser un manantial de recursos humanos en donde se entremezclan la educación, la sociabilidad y el arte.

Un niño que entra a formar parte de una banda aprende rápidamente valores como el trabajo en común y la jerarquía de roles en un proyecto conjunto, sabiendo ceder protagonismo al compañero o bien cogiendo las riendas de la responsabilidad máxima cuando le corresponde.

Se mantiene por igual el compromiso hacia el grupo, su historia y su futuro, el respeto por los demás que junto a uno mismo configuran un ente de cultura, el buscar momentos de felicidad junto a la felicidad de los otros o el ser generoso con lo mejor que tienes para compartirlo con los que te rodean. Y todo ello, cohabitando generaciones distintas, con opiniones diversas, incluso con credos opuestos. En la formación integral del ser humano, tal vez formar parte de una banda, supone toda una ayuda y experiencia que te  hace  más  fácil  el  camino. Como me decía un buen maestro: "No    tengomás que una conciencia, en la que se funden el hombre y el artista".

Ser músico de banda te marca para siempre, sea cual sea tu actividad o incluso tu propia vinculación a la música. Ese sentimiento humanista del arte te hace crecer por igual como músico y como persona.

El sonido del viento y la percusión nos trae ecos del pasado que envuelve nuestro presente y pueden ser alientos de futuro. Con las bandas podemos y debemos crear espacios generadores de  nuevos retos en una sociedad necesitada de valores básicos en donde el respeto y la tolerancia formen parte de una auténtica idea de modernidad. Cada vez que escuchamos una banda de música, detrás     de ese sonido hay todo un mundo de vivencias, anhelos, amistades, enfrentamientos, alegrías, decepciones... pura imagen de la experiencia vital que, con música, siempre puede ser más bella.

 

Nuestra memoria sonora tiene una tímbrica que nos define como pueblo: las bandas de música. Y no por ello somos mejores que otros pueblos o culturas, sino que sabiendo aprovecharlo y  comprometiéndonos con su desarrollo, podemos compartirlo con los demás, pues, tal vez, las bandas constituyen uno de los mejores tesoros que disponemos.

La cultura contemporánea y en especial, la cultura musical, necesitan de las bandas de música para su enriquecimiento, para su expansión y evolución, y para su propia consistencia.

El siglo XXI es el momento idóneo para hacer de las bandas de música un espacio  diferencial e identificativo de una cultura y de un pueblo: con humildad, pero convencidos de todo lo que podemos aportar a la consolidación y evolución del tiempo que nos ha tocado vivir.

José Rafael Pascual Vilaplana
Artículo publicado en www.pascualvilaplana.com

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