La niña de la lotería, un artículo de Manuel Tomás

Un artículo del  profesor de oboe del Conservatori Profesional de Música de Torrent Manuel Tomás Ludeña reflexionando sobre el sorteo de la lotería del pasado 22 de diciembre.

 

La particular manera de cantar los premios de la lotería de Navidad que mostró la niña Aya Ben Hamdouch ha tenido una inusitada repercusión y posiblemente será recordada durante bastante tiempo.

Todos los medios informativos se hicieron eco de lo que allí ocurrió y los telediarios nocturnos incluyeron la noticia de 'la niña de la lotería' o 'la niña de los mil euros'. De igual modo, los titulares de la prensa escrita también hablaron del tema: la niña que enamoró al Teatro Real, La niña que ha revolucionado la Lotería de Navidad y suma y sigue. Como no podía ser de otra manera, en las redes sociales también se produjo una auténtica agitación donde la cuestión llegó a convertirse en trending topic.

Aya Ben Hamdouch tenía que repetir la letanía que tenemos todos grabados en nuestra memoria auditiva desde hace muchos años, acostumbrados a seguir expectantes el famoso sorteo de Navidad. Se trata de un simple motivo musical que contesta al que canta el otro niño/a, compuesto por tres notas: La, Sol, Mi. Así ha sido durante décadas, todo reglado y previsible.

La pregunta. ¿Qué hizo Aya para conseguir “encandilar” a todos los españoles y lograr una inusitada muestra de admiración? Pues algo muy sencillo y muy difícil a la vez.

En primer lugar fue original y creativa porque hizo algo no previsto, diferente a lo que todos esperaban: el encanto de lo inesperado. Una vez más, el valor de la innovación y de la aportación individual.

También demostró pasión, una naturalidad tremenda, y mucha convicción cantando de aquella manera y acabó transmitiendo a todos los presentes su personalidad.

Y finalmente, se comportó con libertad. Cuando el responsable de la lotería se acercó y le susurró al oído (con mucho tacto, esa es la verdad) que volviera a los cánones, ella no lo hizo. Posiblemente no entendía nada de lo que le decía el funcionario, pero muchos preferimos pensar que no accedió a los consejos porque prefirió ser ella misma y no se plegó a la dictadura de la uniformidad. ¿No les parece maravilloso?

También es verdad que, si todos los niños que cantaban hubieran hecho lo mismo, el sorteo se hubiera retrasado mucho y a lo mejor estaríamos criticando a los responsables por no haber sido capaces de organizar aquello convenientemente. Ya se sabe, se pasa de lo sublime a lo ridículo muy fácilmente.

Creo sinceramente, que lo que allí ocurrió debería ser motivo de reflexión para todos aquellos que somos educadores de lo “artístico”. Evidentemente cualquier proceso educativo, y sobre todo la educación artística debe propiciar la capacidad para trabajar en equipo, practicar la colaboración y sacrificar la individualidad en beneficio de un resultado conjunto. Pero es importante hacer todo esto, estimulando al mismo tiempo la creatividad y la libertad de cada individuo.

Aya Ben Hamdouch consiguió el sueño de cualquier artista y además en el Teatro Real: emocionar a un nutrido público, lograr el aplauso unánime y conseguir una enorme trascendencia. Como si tratara de una gran diva de la ópera. Y solo con tres notas: La, Sol, Mi

Manuel Tomás Ludeña
Professor d'oboe i exdirector del Conservatori Professional de Música de Torrent i exsecretari Autonòmic d'Educació i Formació

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