Entrevistamos al director Carlos Ramón Pérez

En esta nueva entrevista, la colaboradora de Nuestras Bandas de Música, Cecilia Ortuño, habla con el director crevillentino Carlos Ramón Pérez.

Juventud y perseverancia definen muy bien las cualidades de este joven director, que cuenta con una sólida formación y consiguió alzarse con la primera posición en el 7th European Conductors Competition enmarcado en la European Brass Band Competition en Oosternde (Bélgica) y con la Batuta de Oro en el World Music Contest de Kerkrade (Holanda), celebrados ambos en el año 2017.

 

    

 

Hemos querido conocer un poco más de cerca su trayectoria musical y recordar estas experiencias inolvidables junto a él. Esto es lo que nos ha contado:

P.- Trompeta y dirección, dos especialidades muy diferentes pero a la vez fundamentales en tu vida profesional. ¿Qué te aportan y significan para ti estas dos grandes disciplinas? ¿Cómo las has compaginado a lo largo de toda tu formación?

R.- Como le ocurre a cualquier persona que se dedique a la dirección, mi formación como instrumentista se desarrolló mucho antes de que yo ni siquiera pensase en coger una batuta. Empecé con la trompeta porque mi padre la tocaba en la banda y desde muy niño supe que me dedicaría a ella en un futuro. Años más tarde, me empezó a rondar en la cabeza la idea de aprender dirección, pero lo cierto es que me costó muchísimo dar el paso. Al fin y al cabo la trompeta me apasionaba. Gracias a los consejos de varios buenos amigos, finalmente di el paso y comencé a estudiar dirección. Bastó con recibir mi primera clase para salir de ella sabiendo que dirigir iba a ser mi pasión. No me movía un interés práctico, pues no dirigía ninguna formación. Tampoco comencé a estudiar buscando un complemento a mis estudios instrumentales, como mucha gente hace. Simplemente mi meta cambió de un plumazo. A partir de ahí, se abrió una época curiosa en mi vida, porque me entregué a la dirección sin tener nada que dirigir al tiempo que me esforzaba al máximo con mi instrumento para terminar mis estudios, sabiendo que lo que yo quería era otra cosa. Ahí fue cuando me di cuenta de que dirigir me ayudaba a ser mejor trompetista y al mismo tiempo mi experiencia como instrumentista me ayudaba a entender muchas cosas en la dirección.

También creo que en gran medida, tu identidad y manera de pensar como director va intrínsecamente ligada al instrumento que tocas. Recuerdo cómo Jan Cober, en las primeras clases que le daba a alguien o en cursos de dirección, jugaba a adivinar qué instrumento tocaba cada director. Según ponías las manos, cómo cogías la batuta, dependiendo de cómo te expresaras o incluso de tu idea musical, el maestro era capaz de acertar el 100 % de las veces. Y es que creo que al fin y al cabo, tu instrumento es tu primera vía de contacto con la música, algo así como tu idioma materno, y renegar de él es imposible.

P.- Si echamos vista atrás, ¿quiénes han sido tus maestros admirados a lo largo de tu formación y por qué?

R.- Lo cierto es que no tengo que echarla tan atrás, aún me considero “en formación”. Manuel Mondéjar Criado fue a la primera persona a la que recurrí cuando me decidí por estudiar dirección, así que, como se suele decir, él me puso una batuta en la mano. Y tuve muchísima suerte. Es una persona con una profesionalidad y una preparación fuera de lo común y estoy seguro de que nada hubiera sido igual en mi carrera sin su guía. A su vez él me animó a matricularme en la Escuela de Dirección de la Vall d’Albaida, donde daba clase José Rafael Pascual Vilaplana, de quien poco puedo decir que no se sepa ya. Creo que es uno de los mejores directores del mundo. Además de esto, el maestro Vilaplana tiene un talento innato para transmitir conocimientos y enseñar. De él aprendí que la rigurosidad y el respeto por la partitura llevan a la pasión interpretando, algo que no puede funcionar a la inversa.

Y por supuesto, la persona que más me ha influido en mi vida musical es Jan Cober, mi maestro en el Conservatorio de Maastricht.  Es muy difícil definir en pocas palabras lo que este hombre significa en mi carrera y en mi vida personal. Él me ha enseñado a enfrentarme a una partitura leyendo más allá de lo estrictamente escrito. En una clase con otros compañeros, el maestro dijo una frase que me marcó profundamente. Algo así como que cada director era único y tiene sus propias cualidades, por lo que todos no podíamos dirigir igual. Jan Cober es único detectando y entendiendo. No es un músico sectario, no exige que sus alumnos dirijan exactamente como él, solo les ayuda a explotar sus cualidades como músicos. Soy muy afortunado por haberlo tenido en mi carrera. Para mí ha significado todo en mi formación musical y ha trascendido profundamente en mi vida.

P.- El 27 de abril de 2017 fuiste el ganador del 7th European Conductors Competition, concurso organizado por la European Brass Band Association y realizado en Oosternde (Bélgica). ¿Qué destacarías de esta experiencia?

R.- Dirigir una brass band de primer nivel es una de las cosas más estimulantes que te pueden pasar como director. La experiencia fue muy intensa y enriquecedora. Como suele ser normal en los concursos de dirección, este estaba organizado en diversas rondas, pero lo interesante era que en cada una de ellas, la formación a la que se debía dirigir era distinta: además de brass band, se debía dirigir una orquesta y una banda. Algo que  para mí fue un sueño fue la segunda ronda, en la que dirigimos y ensayamos ni más ni menos que a la Royal Band of the Belgian Guides, probablemente la mejor banda del mundo. Aún se me pone la piel de gallina al recordar ese momento, el sonido y la personalidad de esa banda es realmente indescriptible.

Por otro lado, debo decir que este concurso lo afronté casi como un experimento, pues el grueso del repertorio era música para brass band. Para mí fue un descubrimiento que me abrió los ojos a un nuevo lenguaje. Como músico conocía el mundo de la brass band desde un punto de vista algo estereotipado, pero no me sorprendió tanto el virtuosismo como la calidad de la música que se escribe para esta formación. Descubrí obras de compositores que ya conocía, pero sobre todo me topé con verdaderas obras de arte escritas por músicos que aquí, en nuestro ámbito, son totalmente desconocidos. Creo sinceramente que la verdadera vanguardia compositiva viene del mundo de la brass band.

P.-Y en julio de 2017 conseguiste lo que para muchos es un sueño inalcanzable, al alzarte con la Batuta de Oro en el World Music Contest de Kerkrade, ¿cómo fue la preparación del concurso y cómo se desarrolló?

R.- La preparación para asistir al World Music Contest el año pasado fue realmente ardua y sobre todo larga. Como novedad para la pasada edición, la organización del WMC pensó en hacer un concurso “más internacional” y plantearon 9 concursos previos en todo el mundo en los que se decidirían los 18 participantes para el concurso de Kerkrade en 2017. Como en España no se realizaba ninguno, acudí al más próximo, que se organizó en octubre de 2016 en Trento (Italia). Con lo cual, el camino para ir a Kerkrade comenzó un año antes.

Una vez pasada esa ronda previa llegué a Kerkrade y allí comenzaron los diez días más intensos y enriquecedores que he vivido nunca. Los directores nos alojábamos en la impresionante Abadía de Rolduc, donde también se desarrollaban  la mayor parte de las pruebas del concurso. Los que han estado en Kerkrade y han tenido la suerte de alojarse allí, sabrán de lo que les hablo. Es un monumento imponente y mágico que contribuyó a que todos sintiéramos que estábamos siendo partícipes de algo casi trascendental. Allí se desarrollaron las clases, ensayos y rondas previas a la final, con la fantástica Europena Youth Wind Orchestra como banda del concurso. Se fueron desarrollando las pruebas hasta que se anunciaron los tres finalistas. A partir de ese momento tuvimos tres días para ensayar la pieza que se nos había asignado mediante sorteo, en mi caso una obra llamada Il Compimento del Inizio del compositor belga Dirk Wambacq, una pieza tan compleja como espectacular.

También me quedo con un gran recuerdo del resto de los participantes. El primer día me di cuenta de lo altísimo que era el nivel y que cualquiera de los 18 directores podía ganar. Y además de excelentes profesionales, todos resultaron ser magníficas personas. Al final, el World Music Contest es una oportunidad única para conocer y compartir la música con gente de otras partes del planeta. De este concurso me llevé la amistad de colegas que sin el WMC jamás podría haber conocido.

P.- ¿Qué sentiste en el Rodahal? ¿Hay alguna anécdota que recuerdes con especial cariño?

R.- La experiencia de esa noche es difícil de explicar. El rato en que subí la rampa se me hizo eterno, y cuando por fin pisé el escenario y contemplé el Rodahal ante mí, una mezcla de emociones controladas me invadieron. Entendí lo trascendental del momento, que todo el esfuerzo de estos años me llevaba a ese preciso instante en ese lugar. Aun así permanecí todo lo sereno y concentrado que pude e hice mi interpretación con muy buen resultado. Sin duda la anécdota de la noche vino al terminar mi actuación. Creo que durante la interpretación rocé la catarsis y cuando terminó la obra sentí una extraña sensación de estar flotando. Si durante la actuación todo salió a pedir de boca, al bajar el podio todo fue un desastre. Tropecé con el requinto que el concertino tenía puesto en un pie, pero por suerte no le pasó nada al instrumento y todo quedó en un susto. Para acabar de hacer la situación aún más rocambolesca, de repente apareció delante de mí un señor que no sabía quién era. Lo saludé muy confuso y me temo que sin prestarle mucha atención. Cuando bajé del escenario me di cuenta de que era el compositor de la pieza que acababa de interpretar y fui rápidamente a disculparme. Luego nos reímos mucho, pues todo había sido en realidad muy cómico (excepto para el clarinetista). Y ya fuera de anécdotas, el momento en el que escuchas tu nombre como ganador es indescriptible. Una mezcla de emociones que fueron si cabe más especiales porque tuve la suerte de que mi familia y mi pareja pudieron acompañarme ese día.

P.- Como director, cuando te enfrentas por primera vez con una nueva partitura, a nivel general, ¿en qué aspectos te fijas y cómo le vas dando forma? Y posteriormente, ¿cómo sueles enfocar el trabajo de la misma con los músicos?

R.- El trabajo del director tiene un punto de partida similar al de cualquier instrumentista. Como intérpretes necesitamos un cierto análisis previo a la ejecución que pase por entender la estructura, la armonía y el estilo. Esto es la base para construir un criterio de interpretación y como digo, no hay ningún secreto que no se sepa ya. En mi caso, lo primero que hago es intentar trazar una especie de árbol genealógico entre el compositor y sus predecesores. Si me enfrento a una partitura de un autor que para mí ya es conocido, casi sin querer, mi manera de entender su música va estar condicionada por el lenguaje del músico que ya conozco. Si me encuentro ante alguien totalmente desconocido, aun así necesito trenzar uniones con un estilo, necesito saber de dónde viene y de qué fuente ha bebido como compositor. Para mí poner en contexto a un artista es básico. Después viene la parte más analítica y cada músico tiene su propio “ritual” al igual que yo tengo el mío.

Si bien la manera de afrontar el estudio de una partitura no dista mucho de cómo lo haría un intérprete instrumental, en un segundo nivel te das cuenta de que hay una diferencia básica. El instrumentista analiza una partitura para comprenderla y así poder interpretarla mejor. Un director hace lo mismo con la diferencia de que necesita que los músicos la comprendan también. Es lo bonito de esta profesión, que has de aprender algo para transmitirlo y que el músico lo aprenda a su manera. No necesitas que un músico sepa la estructura exacta ni qué armonía se utiliza. Pero es básico que el integrante de una orquesta o banda, sea del nivel que sea, entienda la música que toca. Esto en una formación profesional es muy rápido o casi instantáneo, pero en una grupo amateur lleva su tiempo, con lo cual el trabajo del director ha de tener una gran carga pedagógica aun sin pretenderlo.

Por último, para mí es vital hacer un estudio que me permita adelantarme a los acontecimientos y así agilizar mi trabajo. En el análisis has de detectar los puntos de una partitura que necesitan un trabajo especial, así como los pasajes en los que pueden surgir problemas. Este es uno de los campos en los que la experiencia cuenta y mucho, así que un director nunca deja de aprender.

P.- A día de hoy diriges la Banda Santa Cecilia de Elda y la Unión Musical Torrevejense. ¿Cómo es el perfil de estas Bandas y qué destacarías de sus plantillas, nivel y experiencia al frente de las mismas?

R.- Tengo la suerte de dirigir dos bandas bien distintas en las que las posibilidades son casi infinitas. La Santa Cecilia de Elda es el estandarte cultural de una ciudad que históricamente ha estado volcada con la cultura, y de manera muy especial con la música. La Santa Cecilia es una banda centenaria por la que han pasado grandes directores y compositores. Se trata de una agrupación con un gran potencial, bastante numerosa y con una media de edad muy joven, con lo que el presente y el futuro son muy prometedores.

Por otra parte, la Unión Musical Torrevejense es una banda con una tradición muy especial. He sucedido a Jaime Belda en el podio de la UMT, con quien la banda ha estado 19 años trabajando y que ha imprimido un sello inconfundible en ella. A día de hoy, la banda posee un sonido muy especial y para mí inconfundible, que estoy decidido a aprovechar y preservar.

P.- Tras el verano, ¿en qué proyectos te embarcarás con cada una de estas formaciones?

R.- Con la Santa Cecilia vamos a apostar durante esta temporada por volver a los orígenes y recuperar repertorios un tanto olvidados. Elda ha sido una ciudad muy relacionada con el mundo de la zarzuela y la ópera, y las principales voces de nuestro país han sido asiduas en su mítico Teatro Castelar. Intentando recuperar la relación de la banda con el mundo lírico y ofrecer a la ciudad de Elda un concierto memorable, en septiembre la AMCE estará acompañada por las crevillentinas María Maciá y Pepa García, dos sopranos de primer nivel. Creo que es una obligación que nuestros jóvenes conozcan y aprecien el gran repertorio, por eso durante el resto de la temporada seguiremos dedicando un especial interés a la música sinfónica, la ópera y el ballet.

En cuanto a la Unión Musical Torrevejense, nos hemos propuesto abrir la banda a nuevos públicos. Esto es una necesidad que parte de entender lo especial que es la ciudad de Torrevieja. Aunque en esencia siga siendo un pueblo, la ciudad de Torrevieja está creciendo a pasos agigantados y se está convirtiendo en una urbe altamente internacional. Por eso, al público fiel y asiduo de la banda ahora se le suma una buena cantidad de público internacional que abarrota el auditorio en cada concierto. Nos gustaría dar un paso más allá y que este nuevo público nos sienta como su banda. Lo más inmediato que tenemos, son dos conciertos en el Palau de la Música de Valencia el 28 de julio y en el Auditorio Internacional de Torrevieja en septiembre en el que nos centraremos en compositores rusos, con música de Borodin, Kalinnikov, Rachmaninov o Shostakovich. Además, el próximo año compartiremos escenario con el gran clarinetista belga David van Maele, en una primera edición de un ciclo de conciertos con solistas internacionales que pensamos organizar anualmente en Torrevieja.

P.- De cara al futuro, ¿veremos a Carlos Ramón en otros concursos de dirección? ¿Cuáles son tus próximas metas, proyectos e inquietudes musicales?

R.- Aun tengo bastante reciente las dos fantásticas experiencias del año pasado, así que 2018 me está valiendo para tomar un poco de aire y saborear lo que he conseguido. Al fin y al cabo los concursos son oportunidades para ponerse a prueba y sobre todo aprender, lo cual se puede seguir haciendo sin competir. Más allá del intenso trabajo con las bandas que dirijo, tengo previsto actuar como invitado con la Banda Real de la Marina holandesa como parte del premio por la Batuta de Oro.

Y en cuanto a inquietudes, ¡las tengo todas! El repertorio de música de vientos es mi especialidad, pero me apasiona el mundo de la orquesta y la ópera, géneros con los que me gustaría  trabajar en un futuro cercano.

P.- Por último, ¿te gustaría destacar o añadir algo más?

R.- Simplemente me gustaría reconocer la labor que en NBM realizáis para visibilizar y dignificar el trabajo que hacemos las bandas de música y aprovechar la ocasión para felicitaros en estos 30 años de trabajo incansable. Y por supuesto, de manera personal agradezco profundamente el interés que habéis mostrado por mi trabajo.

Antes de terminar esta entrevista quiero agradecerte que nos hayas concedido esta entrevista, felicitarte por todos tus logros y por la labor que realizas al frente de la tarima. Muchas gracias Carlos, hasta pronto.

Cecilia Ortuño.
Colaboradora NBM.


Un poco más sobre Carlos Ramón Pérez

Carlos Ramón Pérez (1989) inicia su carrera en la música con la trompeta, en el seno de una familia fuertemente ligada a la Unión Musical de Crevillente. Tras su formación elemental y  profesional con Moisés Gil Bernabé, emprende sus estudios superiores de Trompeta en el Conservatorio Superior “Manuel Massotti Littel” de Murcia, bajo la tutela de José Cháfer Mompó, finalizando sus estudios en el año 2012 con la máxima calificación. Además, otros trompetistas como Carlos Benetó y Juanjo Serna (en la Academia Spanish Brass), Rudolf Korp (en la Brass Academy Alicante) o Jordi Albert, han sido sus mentores en su carrera instrumental.

En la dirección se inicia de la mano de Manuel Mondéjar Criado, para seguidamente cursar sus estudios en la Academia de Dirección de la Vall d’Albaida, con los profesores José Rafael Pascual Vilaplana, Ramón García i Soler, Tomás Gilabert y Juan Alborch. Más tarde emprende sus estudios en la “ZUYD University” de Maastricht (Países Bajos), con el maestro Jan Cober, obteniendo en 2014 el Grado en Dirección de Banda y en 2016 el Master en Dirección “cum laude” por dicha universidad holandesa.

Ha asistido a cursos de dirección con los maestros José Rafael Pascual Vilaplana, Bert Appermont, Alex Schillings, Felix Hauswirth, Eugene Corporon, Carlo Pirola, Johan de Meij, Rafael Sanz-Espert, Laszlo Marosi, Yves Segers y Douglas Bostock.

En 2014 fue finalista en el “Primer Concurso Internacional de Dirección de Banda” de la Universidad de Alicante. En abril de 2017 se proclamó vencedor del “7th European Conductors Competition” organizado por la EBBA (European Brass Band Association) en Oostende (Bélgica), obteniendo además el premio del público.

En julio de este año, se alzó con el premio de dirección de banda  más importante a nivel mundial, al ganar la Batuta de Oro del International Conductors Competition, concurso que cada cuatro años se enmarca en el World Music Contest de Kerkrade (Países Bajos).

Se ha puesto al frente de bandas como la Royal Wind Band of the Belgian Guides o la European Union Youth Wind Orchestra, orquestas como la Kammerorkest Brugge o la Orquesta Haydn de Bolzano o brass bands como la North Limburg Brass Band. Ha sido director artístico de la Agrupación Musical do Rosal (Pontevedra), así como director invitado en diversas formaciones profesionales como la  Luxembourg Military Band “Grand Ducale”,  Banda Municipal de Barcelona y  Banda Municipal de Alicante.

En la actualidad, Carlos Ramón Pérez es director titular de la AMCE Santa Cecilia de Elda y de la Unión Musical Torrevejense.

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