Hablamos con Nicolás Rincón

Hoy hablamos con Nicolás Rincón, director de Estudios bandísticos - Wind Band Studies, nuestra primera entrevista de 2021.

 

 

Feliz Año Nuevo. Con nuestros mejores deseos, desde la sección de entrevistas de Nuestras Bandas de Música, seguimos hablando de Música. En esta ocasión, conversamos con Nicolás Rincón, director de Estudios bandísticos · Wind Band Studies.

Se trata de la revista internacional académica de la Asociación Nacional de Directores de Banda, con una andadura desde el año 2017 y tres publicaciones.

Con él conversamos sobre la trayectoria y nuevos proyectos de Estudios bandísticos, así como de las actuales investigaciones relacionadas con el mundo bandístico, entre otros aspectos.

Esto es lo que nos ha contado:

P.- ¿Cómo surge la necesidad de crear Estudios bandísticos y por qué era importante para las bandas de música crear un proyecto científico de estas dimensiones?

R.- Podríamos decir que la necesidad la identificamos después de crear la revista. Allá por el año 2016, Carlos Diéguez, presidente de la Asociación Nacional de Directores de Banda, se puso en contacto conmigo para decirme que querían crear una revista sobre bandas de música. Él tenía en mente el boletín de la WASBE y, a partir de esa idea, creímos que una publicación dedicada a la divulgación de la investigación sobre estas agrupaciones podría ser interesante a nivel nacional. Hablábamos, por tanto, de una revista que podríamos encuadrar en la llamada alta divulgación científica. Con esas premisas decidimos contar con un comité científico que avalara la publicación y comenzamos a encargar artículos a investigadores reconocidos. Las indicaciones que les dimos fueron exactamente esas: debían escribir artículos con un enfoque divulgativo y con una extensión de unas cuatro o cinco páginas. Al recibir el trabajo de estos investigadores nos dimos cuenta de que sus envíos tenían un enfoque que excedía la mera divulgación y superaban con creces la extensión máxima propuesta. Para explicar argumentos de manera coherente necesitaban más espacio. Eso nos llevó a pensar que no lograban publicar sus estudios en las revistas académicas y que seguramente había mucha dosis de prejuicios en esa circunstancia. Fue entonces cuando decidimos que la orientación debía ser otra y adaptarnos a esa demanda. Hoy por hoy, podemos decir sin miedo a equivocarnos que la decisión fue acertada.

P.- ¿Cuáles son los principales objetivos y pretensiones de la revista?

R.- El objetivo de una revista académica es publicar la investigación que se produce en su ámbito de estudio. En nuestro caso, por lo tanto, y desde el segundo volumen, pretendemos que aquellos profesionales que se dedican a la investigación sobre las bandas de música puedan publicar sus trabajos en nuestra revista y así contribuir al ámbito de estudio. La particularidad de nuestra revista es, sin embargo, que esos artículos los leen tanto investigadores como aquellos que forman parte de nuestro objeto de estudio, es decir, los miembros de las bandas, especialmente sus directores. Esto es lo que en Ciencia llaman «transferencia del conocimiento», que en nuestro caso es directa, eficaz y eficiente.

En cuanto a nuestras pretensiones podríamos decir que también han evolucionado con la publicación. Si inicialmente pensábamos que nuestro público se encontraría en el ámbito nacional, hoy en día vemos una mayor proyección en el ámbito internacional. Las prácticas musicales, sociales y culturales asociadas a las bandas de música comparten muchos códigos en el ámbito ibérico y también en el espacio iberoamericano, por lo que si conseguimos posicionarnos como referente en este espacio geográfico –algo que con toda la prudencia creo que está empezando a ocurrir– nos daremos por satisfechos.

P.- ¿En qué líneas temáticas relacionadas con las bandas de música se suelen basar las investigaciones?

R.- Debemos tener en cuenta que la investigación sobre bandas se lleva realizando durante mucho tiempo. Los objetivos de los investigadores no siempre han sido los mismos y quienes auspiciaban esas investigaciones, tampoco. Los pioneros en promover la investigación sobre las bandas de música fueron las propias bandas de música; querían conocer su historia. Este objetivo, además de legítimo y lógico, denota otra intencionalidad: la de salvaguardar su memoria y su patrimonio. Se trata de una investigación en el que prima conocer los devenires de la agrupación, quiénes fueron sus integrantes y cuáles fueron sus éxitos. Insisto en que es absolutamente lógico porque pensemos que dichos logros son también los de una comunidad más amplia; frecuentemente, aunque no siempre, un municipio. Desde el punto de vista académico, sin embargo, estas investigaciones no siempre rinden tributo en el conocimiento general, principalmente porque no es ese su objetivo. Es en este punto donde se ha producido la inflexión.

Mientras ocurría este desarrollo de lo que podríamos denominar la historia institucional de la banda de música, la Academia miró hacia otro lado. Era un tema que no interesaba. Especialmente en España, donde arrastraban mucho descrédito. Las causas son variadas y creo que por todos conocidas. Además, la musicología estuvo atrincherada en los archivos catedralicios durante toda la dictadura franquista, la transición y una buena parte de los años ochenta. No es hasta los años noventa cuando, muy tímidamente al principio, comienzan a aparecer otro tipo de investigaciones que centraban su interés en la música que se desarrollaba en el ámbito civil. Con todo, la verdadera revolución en el estudio de las bandas de música, en el ámbito académico, todavía no llegaría a desarrollarse hasta bien entrado el siglo XXI. Aparecieron tesis doctorales como la de Salvador Astruells, que incorporaban la novedad de realizar esa investigación institucional desde una perspectiva científica –esto es, siguiendo las reglas del juego de la Academia: citar y analizar adecuadamente las fuentes primarias y contextualizar el conocimiento con la bibliografía existente, principalmente–. Desde entonces, y siempre en referencia a España, nuestro objeto de estudio no ha dejado de expandirse en múltiples direcciones.

En la actualidad se están trabajando muchas líneas temáticas que tienen que ver con la banda de música: desde aquellas con una perspectiva más musical, es decir, las que centran su atención en el repertorio; hasta aquellas que tratan de entender el fenómeno desde una perspectiva más global en la que se entrelazan los discursos sociológicos, antropológicos y culturales. La investigación trata de dilucidar cuál es el valor añadido que aportan las bandas de música a la sociedad y, en su vertiente histórica, cómo lo hicieron en el pasado. Ese análisis es complejo porque se puede realizar desde múltiples perspectivas, utilizando una gran diversidad de fuentes de información y diversos marcos metodológicos. Podemos decir, entonces, que estamos en un momento de cambio y dinamización de la investigación; si esta tendencia se mantiene el tiempo suficiente, podemos convenir que llegará a materializarse su inclusión en los discursos musicológicos generales como ya pasó en su día con otros ámbitos como el de la zarzuela.

P.- ¿Qué balance haces tras la publicación de los tres primeros volúmenes publicados en 2017, 2018 y 2019?

R.- El balance es absolutamente positivo. En buena parte, la renovación del ámbito de estudio está directamente vinculada a la revista. En torno a ella, se han creado dinámicas comunicativas entre investigadores que antes estaban aislados. Eso ha favorecido también a desarrollar la actividad congresual. Y por último, estamos asistiendo a la internacionalización de la publicación. En el próximo número que saldrá en breve, sin ir más lejos, se publicarán casi el mismo número de artículos escritos por autores españoles que de otros países. Recibir estas propuestas ha sido una grata sorpresa y la confirmación de que el trabajo realizado discurre por el lugar adecuado.

P.- Tanto el Equipo Editorial como el Comité Científico constan de grandes profesionales. ¿Quiénes son y cuáles son sus funciones principales dentro del proceso de elaboración de la revista?

R.- El equipo editorial está formado por dos comités, el de redacción y el científico, más un equipo técnico. La función del equipo de redacción es garantizar la calidad del contenido de la revista y decidir estratégicamente sobre su futuro. Una revista académica tiene que cumplir unos estándares de calidad que están prefijados y de cuya observancia se deriva un mejor o peor posicionamiento entre los investigadores. Esta característica es muy importante porque ningún autor recibe gratificación alguna por publicar su investigación en ella. La lógica funciona más bien al revés. Cuando una revista es atractiva porque tiene buenos índices de impacto –es decir, que se convierte en referencia de otras investigaciones– y tiene buena difusión en la comunidad académica, el autor aspira a publicar en ella. Por su parte, el Comité Científico asesora al Comité de Redacción cuando así lo requiere y colabora en las tareas de difusión. Por ello, se trata de personalidades de gran relevancia en sus ámbitos de estudio; unos ámbitos que, además, son variados para poder atender a la diversidad de contenidos que abarca una revista como la nuestra. Por último, el equipo técnico está formado por compañeros que nos ayudan en la revisión del estilo y la corrección de la escritura –tanto en español como en inglés y portugués–, en el diseño y maquetación de la revista y en la revisión de las pruebas de imprenta.

El Equipo Editorial está formado en total por treinta y dos profesionales –permítanme que aproveche esta ocasión para expresarles mi agradecimiento a su excelente labor y compromiso–; y entre todos representan a veinte instituciones de educación superior españolas y de otros países como Austria, Brasil, Estados Unidos, Méjico y Portugal.

P.- ¿El cuarto volumen está en camino? ¿Qué nos puedes adelantar de su contenido temático y autores?

R.- En el tercer volumen, correspondiente a 2019, se fijó definitivamente la estructura de los contenidos. Decidimos que queríamos incluir un dosier temático que nos permitiera fomentar algunos temas de investigación que recibían menor atención o que podían despertar el interés por su actualidad. Todo ello persigue, como ya he dicho con anterioridad, al objetivo de integrar las bandas de música en la investigación musicológica general. El año pasado se publicó un dosier relacionado con las cuestiones de género, impulsado en cierta medida, por el movimiento feminista «me too». Este año, el dosier está dedicado a la integración del repertorio sinfónico. Es decir, a poner en valor la música original banda y lograr, en un futuro, la integración en el canon general. Además, hay otra sección de artículos libres, con contribuciones de gran calidad; la entrevista, cuyos protagonistas son los nuevos directores de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid Jan Cober y Enrique Tena; y el resto de las secciones habituales sobre tesis doctorales, congresos y reseñas de libros.

P.- Esta revista internacional es de acceso abierto a través de su página web (www.estudiosbandiscos.com) pero también se puede conseguir de manera impresa. Las personas interesadas ¿cómo pueden conseguirla?

R.- Efectivamente, una de las novedades que incluimos este año fue la de poner a disposición la revista en código abierto. Este cambio en nuestra política de publicación responde a la necesidad de divulgar nuestros contenidos a nivel internacional; ya que, como hemos dicho con anterioridad, esto tiene un impacto directo en la valoración de la publicación y facilita la colaboración de investigadores reputados. Sin embargo, seguimos publicando en papel. La decisión es a priori contradictoria, pero pensamos que las publicaciones digitales acaban «perdiéndose» en la inmensidad de la red. Igualmente, creemos que el intenso trabajo que implica la edición de la revista debe verse reflejado en un formato físico consagrado a perdurar que se puede adquirir suscribiéndose a través de la página web: www.estudiosbandisticos.com.  

Por último, permítanme que les diga que gracias a las suscripciones el proyecto se hace un poco más sostenible económicamente hablando. La publicación de Estudios bandísticos implica gastos relacionados con la página web, la maquetación de los textos, la publicación y la distribución. Casi la totalidad del trabajo realizado se hace de forma altruista y por parte de profesionales muy altamente cualificados. Es decir, al final la suscripción permite colaborar con su mantenimiento; y como ya he dicho antes, la revista tiene un impacto muy directo en la dinamización de la investigación sobre bandas. Faltaría añadir que la investigación ayuda a desmontar los prejuicios que existen sobre la agrupación es por ello que al suscribirse a la revista colaboramos a lograr un mayor conocimiento de nuestras bandas, una revalorización de nuestro patrimonio musical, y en definitiva, a construir los argumentos necesarios para convencer sobre la necesidad de un apoyo institucional decidido a la labor que realizan.

P.- ¿Cuál es tu opinión acerca del futuro de las bandas de música?

R.- La actual situación de pandemia ha fomentado cierta idea de encrucijada. Es decir, estamos en un momento en el que todas las posibilidades están abiertas; quizás por ello esta pregunta ha adquirido una inesperada relevancia. Desde mi humilde punto de vista, creo que esta situación de excepcionalidad ha puesto sobre la mesa algunos aspectos sobre los que es necesario reflexionar. Desde hace algunos años corremos con pasos agigantados hacia la globalización. Hasta ahora solo hemos visto sus posibilidades y beneficios. Ir a Londres en poco más de dos horas; comprar un producto en Estados Unidos –o cualquier país del mundo– y recibirlo en tu casa en pocos días; o conocer en tiempo real qué está ocurriendo en el lugar más recóndito. Esto aplicado a nuestro gremio también ha tenido su impacto: compra de instrumentos a precios nunca vistos en multinacionales alemanas; intercambio masivo de partituras en pocos minutos; y la comunicación con grandes referentes internacionales sin barrera alguna. Como decía, lo que hemos valorado hasta el momento eran los beneficios que estas prácticas nos aportaban. Por poner un ejemplo: la compra de un instrumento a un precio muy asequible permite una democratización real del acceso a la música; eso es innegable. Pero los efectos son igualmente claros: el desmantelamiento del comercio local, la destrucción de puestos de trabajo y, con ello, el conocimiento del profesional que nos atendía en ellos.

La globalización ha ido acompañada también del crecimiento del individualismo. La música supone un caso paradigmático en este sentido. Las plataformas digitales como YouTube o Spotify han permitido que podamos acceder a un contenido casi ilimitado y totalmente deslocalizado – ¡El último grito entre la moda juvenil es la música surcoreana!–. Todo ello lo hacemos con los cascos puestos, especialmente los más jóvenes, que son a la postre la encarnación del futuro. Cada uno queremos tener un acceso propio a lo que consideramos «nuestra» música. El efecto de ese individualismo en el desarrollo de cualquier sociedad no puede ser sino negativo; y cuanto más pequeña es la comunidad en cuestión, más acusado es el impacto. A mi modo de ver es precisamente en esta situación donde se encuentra la gran oportunidad para el desarrollo de las bandas de música.

Los que somos músicos de banda sabemos que en sus locales se comparte desde que se atraviesa la puerta de entrada: en las clases, en el ensayo, en el concierto y –sobre todo– en los tiempos de espera. Se produce un fenómeno inédito en otros ámbitos de nuestra vida cotidiana: personas de toda condición, edad y género se relacionan y colaboran para conseguir un objetivo común. En esas interacciones se construye algo todavía más valioso: la identidad. En esos intercambios se inculcan valores; se transmiten conocimientos; se protegen los legados colectivos y tradicionales… es decir, se enseña a «ser». Y esa enseñanza es colectiva, lo que implica que se basa en «consensos» sociales. En pocas palabras, la banda de música tiene ante sí la tarea de cohesionar una sociedad que cada día tiende a una mayor fragmentación. Creo que ese cambio no solo es necesario –la pandemia lo ha dejado manifiestamente claro– sino que es un retorno a unas antiguas maneras de hacer que tarde o temprano acabará por imponerse.

P. Por último, ¿te gustaría añadir o destacar algo más?

R.- Únicamente mi agradecimiento por la entrevista y mi enhorabuena por toda la labor que realiza Nuestras Bandas de Música.

Muchas gracias, Nicolás. Te deseamos lo mejor y larga vida a este proyecto científico tan necesario para seguir poniendo en valor el mundo bandístico. Hasta pronto.

Cecilia Ortuño.
Colaboradora NBM.


Un poco más sobre Nicolás Rincón Rodríguez:

Obtuvo su título de licenciatura en Historia y Ciencias de la Música en la Universidad Complutense de Madrid donde también cursó los estudios de Máster en Gestión Cultural: Música, Teatro y Danza. Posteriormente, cursó los estudios de Máster en Música de los siglos XX y XXI en la Universidad de Bangor (Reino Unido).

Su actividad investigadora enfatiza las relaciones entre la música española del siglo XX y los procesos culturales, sociales y políticos en los que se desarrolla. Durante los últimos años ha participado en citas musicológicas nacionales e internacionales, compaginando la investigación con la docencia, la escritura de su tesis doctoral «El sonido de la república. Música, política e identidad en España entre 1931 y 1939» y la publicación de varios capítulos en volúmenes colectivos de referencia.

Asimismo, ha editado el volumen colectivo Bandas de música: contextos interpretativos y repertorios, dirige la revista Estudios bandísticos, editada por la Asociación Nacional de Directores de Banda, es presidente y miembro fundador de la Comisión para el estudio de las Bandas de Música de la Sociedad Española de Musicología y delegado español de la Sociedad Internacional de Músicas Militares.

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