‘Galicia es una potencia ascendente en bandas de música’ Entrevista a Valero Castells

Valero partirá del equilibrio para alternar piezas tradicionales con otras más vanguardistas.

“Yo nací en una banda”. Con las notas de un fliscorno y un trombón, el nuevo director de la Banda Municipal masticó notas musicales hasta trabajar de ellas. Ahora que tiene 42 nunca se sintió mejor. Las ganas de sus 50 pupilos tienen la culpa.

Viene de reunirse con Lacasa. ¿Habrá alguna novedad en la forma de trabajar con la OSG?
La va a haber cuando se firme el convenio. La banda depende del Ayuntamiento, las contraprestaciones del Consorcio para la Promoción de la Música revierten en conciertos didácticos y demás y debemos programarnos en cuanto a fechas. Siempre hubo colaboración y a Lacasa lo conozco desde que trabajó en la gerencia de la Orquesta Nacional y es importante que nos reunamos. El Ayuntamiento nos paga las nóminas y asignaciones. También si hay que comprar partituras o uniformes y contratar refuerzos.

¿Qué le supone a la banda que los presupuestos estén todavía en el aire?
En plantilla, no llegamos a 50 porque tenemos algunas bajas, que no podemos cubrir con otras personas y vienen refuerzos puntuales. Una vez que se apruebe el presupuesto, espero que la situación se normalice. Antes, el IMCE tenía una especie de convenio firmado con nosotros para directos festivos, pero parece que este año no lo va haber, así que vamos subsistiendo. Ahora tenemos dos músicos de baja maternal y un fagotista que acaba de ser papá. El presupuesto nos da superjusto.

¿Cómo acabó aquí?
Estuve en A Coruña en 2003, después de haber ganado el premio “Andrés Gaos” con la Diputación en 2001. El galardón incluyó el estreno de la obra con la Sinfónica, así que esa fue mi primera vez, pero viajé mucho a Galicia con la federación de bandas, a Santiago y a Vigo. Participé en un programa didáctico con la OSG y la editorial Kalandraka. Desde entonces no había vuelto a pisar la ciudad hasta que la banda me invitó el año pasado como director y compositor. Fue una experiencia muy positiva. Yo me quedé con la cohesión que tienen y se suscitó la circunstancia de buscar un director titular. La formación mostró preferencias por unos y por otros, contactaron conmigo y acepté. Así que me vine en septiembre de invitado como pretexto para hablar.

¿Cómo es su contrato?
Estoy en régimen de comisión de servicio. No fui elegido por oposición ni hice pruebas. Vengo a cubrir una vacante que ocupó Represas durante cuatro años, con la posibilidad de estar alguna temporada más. Es una situación provisional a medio plazo. No soy funcionario, pero tengo la intención de disfrutarlo al 100%. Me encanta la actividad cultural que existe en la ciudad de jazz, cine, teatro... y trabajar es una pasada ya solo por ver cada día la predisposición de los 50 que tengo enfrente.

De un lugar de tradición de bandas como Valencia a otro, donde también tienen arraigo. ¿Cómo ve a Galicia en este momento?
Es una potencia en bandas de música, con una tradición grande a la que se sumó la presencia de una serie de músicos valencianos, que exportaron modelos de cómo hacer determinadas cosas. Aquí se celebra un certamen gallego de bandas en Santiago, la federación tiene un mérito extraordinario porque de forma altruista aglutina toda la red y convoca concursos de composición y cursos. Lo más importante es que es una potencia ascendente al contrario que Valencia, que lo sigue siendo, pero tiene cosas viciadas y muchas corruptelas. Aquí el ambiente es más sano.

¿Qué es lo que tiene pensado proyectar en la banda?
Parto del equilibrio. Si fuera una banda de nueva creación, imprimiría más mi manera de pensar, pero no es el caso. Ya era una gran banda con una dinámica que pretendo conservar, aunque poniendo mi carácter personal a través del repertorio. Creo en el equilibrio entre obras tradicionales y novedades más vanguardistas y tocando otros estilos. Tenemos que ofrecer lo de siempre y tratar de crear nuevos públicos. No quiero llevar a cabo cambios radicales. Además que vine porque me gustaba.

Pertenecer a la misma ciudad que la OSG, ¿es bueno o malo?
En general, una orquesta sinfónica es un instrumento sinfónico, distinta a las bandas, que han estado a la sombra socialmente porque también los integrantes son muchos amateurs. Pero yo no dirijo una formación amateur y nunca busco una comparación. Sería justo compararla con otras bandas, pero no con la Sinfónica. No somos ni sus hermanos pobres, ni sus imitadores. Yo nací en una banda, con mi padre tocando el fliscorno y mi abuelo, el trombón, y en el siglo XXI hay suficiente repertorio e identidad como para no estar a la sombra de nadie. Lo que se busca es una sinergia. No pretendo limitarme a dar unos conciertos didácticos a cambio de un dinero, sino a estar relacionados porque hay gente que va a ver a la Sinfónica y no a la banda, otra que al revés, y la hay que nos va a ver a las dos.

¿Alguna propuesta nueva en la programación?
Hay dos cosas que explorar: los conciertos de temporada en el auditorio y los festivos. Después están los proyectos singulares: yo mismo grabé con la banda sinfónica de Mislata un DVD con Barón Rojo. Me gusta pensar en este tipo de cosas con grupos de rock o de folk. Sé que se han hecho cosas con Luar na Lubre y Sito Sedes, que se pueden repetir o hacer algo nuevo. Una banda es un conjunto, pero dentro de este conjunto hay otros. Hay un ensemble de metales, una big band y cuando los músicos dejan de ser una cincuenteava parte de un grupo para ser un porcentaje superior, se sienten más responsables. Se preocupan más, estudian y esto nos permite mostrar repertorio poco conocido porque orquestas y bandas hay, pero grupo de tamaño medio muy pocos y es algo que estamos abordando.

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