Entrevista a Rafael García, psicólogo y profesor de Técnica Alexander

En esta ocasión, tenemos la suerte de poder hablar con Rafael García, psicólogo y profesor en el Conservatorio Superior de Música de Aragón.

Su área de investigación principalmente está centrada en los procesos psicológicos relacionados con el estudio musical y la preparación de las actuaciones. Además es pionero en la Técnica Alexander en nuestro país y es autor de los libros “Optimiza tu actividad Musical. La técnica Alexander en la Música” "Técnica Alexander para Músicos", "Cómo preparar con éxito un concierto o audición" y "Entrenamiento mental para músicos".

P. Comenzamos conociéndole un poco más de cerca, Rafael ¿cómo fueron sus inicios musicales y su experiencia personal como alumno?

R. Mi acercamiento a la música fue a través de mi padre, Jesús García, violinista de la Orquesta de Valencia. Él nos contagió a mis hermanos y a mí su amor por la música y por los grandes compositores. Aunque comencé con dos instrumentos, el violín y el piano, finalmente me quedé con el violín. Recuerdo las prisas por salir del colegio por la tarde e ir con mi madre y mi hermano a las clases de solfeo en el Conservatorio de Valencia, que entonces estaba en la Plaza de San Esteban. Vicente Asencio, Salvador Seguí, o Eduardo Montesinos, fueron algunos de los célebres profesores que tuve.

Recuerdo las audiciones de violín en el temido Salón de Actos de San Esteban. Sólo se hacía una audición al año y la presión era máxima. Allí conocí lo que significa que te tiemble el arco y que tus pensamientos vayan a mil por hora. De alguna manera aquellas experiencias de primera mano activaron mi inspiración para alguno de mis libros. Nuestro querido profesor de violín, Juan Alós, nos decía con sentido del humor momentos antes de que comenzara el acto: “¡César, los que van a morir te saludan!” Una frase que refleja muy bien el sentimiento de "máximo riesgo" que entrañaba tocar en la audición de final de curso.

Como creo que le sucede a muchos jóvenes estudiantes, el paso por la Orquesta del Conservatorio supuso una experiencia enriquecedora, sobre todo por el hecho de compartir un objetivo musical común con otros compañeros. El proceso de ensayos, la exigencia musical demandada por figuras como Eduardo Cifre y Manuel Galduf tanto en la preparación como en los conciertos, se veían recompensadas cuando conseguíamos alcanzar buenas interpretaciones de Sinfonías de Mozart, Schubert u Oberturas como Egmont, o Los Maestros Cantores.

Recuerdo con especial satisfacción una gira de conciertos que la Orquesta del Conservatorio de Valencia realizó por Francia en 1985 y que comenzamos con un concierto en la iglesia de Santa María de Morella. Toqué de solista el concierto para violín y oboe en do menor de J. S. Bach, junto a los grandes oboístas Jesús Fuster y Javier Guna. El concierto en Morella fue realmente significativo para mí, porque de forma intuitiva tuve que emplear una de las técnicas de visualización que describo en mi último libro "Entrenamiento mental para músicos".  Acababa de llegar de una gira por Canadá, Corea y Japón  con la Orquesta Mundial de Juventudes musicales y a penas tuve una semana para preparar el concierto de Bach. Estaba realmente aterrado, y al margen de estudiar como un loco la partitura, dediqué los cuatro últimos días antes del concierto a imaginar durante un rato la situación de salir al escenario, saludar al público y comenzar con la actuación. Realmente me ayudó a que la situación me resultara un tanto más familiar. Aún así, el miedo fue considerable.

P. Rafael García es psicólogo especializado en Técnica Alexander y pionero de dicha técnica en nuestro país. ¿Qué destacaría a nivel general de esta técnica y qué le llevó a especializarse en este ámbito?

R. Le debo muchas cosas a la Técnica Alexander. En especial, una aproximación a la música más amplia y sana de la que yo tenía cuando en 1985 me fui a ampliar estudios de violín a Alemania y Suiza. Como dice una cita del autor clásico Fedro: “Si tensas demasiado la cuerda el arco acaba rompiéndose”. El afán de querer llegar muy lejos y sobre todo la insistencia en una dirección equivocada me llevó finalmente al colapso, y a un estancamiento que fue muy duro de llevar. Esta situación me condujo a cuestionarme muchas cosas y a emprender una búsqueda alternativa, un cambio de orientación. Desde Valencia tuve conocimiento de un violinista llamado Sergio Castro, que en la actualidad es uno de los más reconocidos instructores de violín en España. Por aquel entonces, los años 80, estudiaba en Freiburg (Alemania) con una gran figura del violín, Nicolás Chumachenco, entusiasta estudioso de la Técnica Alexander. Para el profesor Chumachenco, la búsqueda del equilibrio corporal supone un camino de realización personal y musical inestimable, y así se lo ha trasmitido a numerosas promociones de grandes violinistas desde su cátedra de violín en la Musik Hochshule de Freiburg. La búsqueda de la pista del violinista español que estudiaba en Freiburg me condujo a esa misma ciudad, y a conocer la técnica Alexander en busca de respuestas.

Tuve la suerte de tener como primer profesor de esta técnica a Walter Tchaikowsky, un gran maestro. En los años que trabajé con él fui interiorizando los principios de la técnica de una forma pausada y atractiva al mismo tiempo. El enfoque que propone la técnica Alexander era muy diferente al que yo había utilizado con el violín hasta entonces, y consistía esencialmente en cuidar al máximo el proceso relacionado con el aprendizaje. En lugar de buscar resultados de forma impulsiva, Walter  me invitaba a que me interesara por cómo estaba respirando, cómo colocaba mi cuerpo y cómo lo ponía en funcionamiento. La calidad del proceso se convirtió en la verdadera protagonista de sus clases y de su legado como profesor.

Con el paso de los años he podido evidenciar que tanto en nuestro mundo musical, como en otras actividades interpretativas como la danza o el teatro, existe un gran riesgo consustancial a la naturaleza de estas disciplinas: la pretensión por alcanzar con urgencia grandes logros artísticos y personales. Muy a menudo no somos conscientes de que es necesario aprender a caminar a un ritmo más tranquilo, asegurándonos de llenar nuestras mochilas de experiencias satisfactorias que realmente nos ayuden a llegar donde queremos.

Como profesor de Técnica Alexander he tenido la suerte de compartir experiencias con grandes músicos. En este sentido, los Cursos Internacionales de Música en Benidorm, en los que participé durante diez años, fueron especialmente fructíferos. Allí coincidí con figuras como Claude Delange, Yehuda Gilald, Branimir Slokar , Erik Penzel, o Radu Adulescu entre otros. Cada año disfrutaba conversando con ellos y aprendiendo de su experiencia. Una de las cosas que me quedan de aquellos inolvidables encuentros es su profesionalidad y máxima exigencia en relación con su actividad musical y pedagógica.

P. A día de hoy, cuenta con un amplio catálogo bibliográfico en el que se abarcan temas muy interesantes relacionados con el rendimiento de los músicos: “Optimiza tu actividad Musical. La técnica Alexander en la Música”, "Técnica Alexander para Músicos", "Cómo preparar con éxito un concierto o audición" o "Entrenamiento mental para músicos" son algunos de sus trabajos. ¿Cómo surgió la idea de escribir estos libros y por qué se decantó especialmente por estos temas?

R. Cuando acabé mi tesis doctoral, dentro del marco de la psicología cognitiva, me entraron las ganas de escribir mi primer libro. Hacer una tesis doctoral supone un entrenamiento extraordinario en asuntos que tienen que ver con manejar mucha información, utilizar los datos con rigor, y cuidar los procedimientos metodológicos. Los primeros dos libros, sin embargo, los dediqué a la Técnica Alexander, porque quería reflejar con ellos mi experiencia de casi veinte años trabajando con músicos. Entonces descubrí que escribir de forma divulgativa y didáctica me gustaba mucho. Mi objetivo con la escritura es activar en el lector el interés por los temas que trato y hacerle avanzar por ellos de la mejor forma posible.       

Evidentemente, la elección de los temas que trato en los libros tiene que ver con la conjunción de tres elementos que considero esenciales para dar el paso de publicar, con la responsabilidad que eso conlleva: la pasión por los temas en sí mismos, los conocimientos acumulados fruto de la formación, y la experiencia personal y profesional.

P. Hace relativamente poco tiempo, concretamente a finales de marzo del presente año, presentaba su nuevo trabajo: “Entrenamiento mental para músicos: Técnicas de estudio mental y visualización para potenciar el rendimiento interpretativo”. ¿Qué nos puede contar de este libro y de su importancia desde el punto de vista musical?

R. Este libro surge después de más de 10 años trabajando el estudio mental con mis alumnos, en el Conservatorio Superior de Música de Aragón, comprobando una y otra vez su eficacia, y muchos años más tarde de la experiencia previa al concierto en Morella, que he comentado anteriormente. Una vez adquiridas las habilidades básicas, el estudio sin instrumento resulta muy útil para mejorar aspectos como la concentración en el estudio o el incremento de la memoria.

Con el tiempo he ido ampliando las aplicaciones de este tipo de práctica a aspectos como la libertad de movimientos al tocar, la mejora de la lectura de las obras, abordar de forma más eficaz el trabajo de pasajes difíciles o la preparación de las actuaciones. Mis alumnos emplean momentos de espera, como ir en autobús o en tren para dedicar un rato a revisar un pasaje o clarificar diversos aspectos musicales. El excelente clarinetista de Moncofa, José Franch-Ballester, aprovecha los largos trayectos de EEUU a España que realiza en su labor como concertista, para adelantar mucho del trabajo que posteriormente ajusta y culmina con el instrumento.

Para los instrumentistas de metal es especialmente útil, ya que les permite incorporar en sus sesiones de estudio diarias un plus de estudio, sin necesidad de castigar el labio con más práctica. Pero también lo es para pianistas, o cualquier otro instrumentista, ante pruebas importantes o concursos para los que se requiere de una preparación muy intensiva. Los recientes avances en neuroimagen muestran que las áreas del cerebro que se activan durante el estudio mental y la visualización son las mismas que lo hacen durante el estudio real. Esta información es verdaderamente relevante, puesto que refleja que al practicar mentalmente estamos ejercitando los mismos procesos de aprendizaje que subyacen en la práctica con el instrumento, pero con la ventaja de no saturar los tendones o los músculos más de lo que pueden soportar.

P. Llevar a cabo un estudio diario y eficaz conlleva un cuidadoso proceso técnico e interpretativo, pero también mental y corporal. Desde su punto de vista, ¿cómo puede un músico optimizar el rendimiento? ¿Qué factores son importantes o qué aspectos son necesarios para que el estudio sea eficaz?

R. Como decía el violinista Robert Gerle: “Dedicar tres minutos a pensar sobre el estudio antes de empezar son más valiosos que pasar repitiendo tres horas sin sentido”. Estudiar de forma eficaz es más importante de lo que parece porque la falta de buenos procedimientos de estudio conduce finalmente al desánimo. El mero hecho de estudiar no garantiza progresos y como dije en "Cómo preparar con éxito un concierto o audición", la práctica requiere ser eficaz para dar frutos, y así alimentar de ilusión la carrera de fondo que es la música. A través de las investigaciones realizadas en el contexto de la psicología de la música disponemos de interesantes datos que nos orientan sobre cuáles son los componentes que hacen más eficaz el estudio. Dichos componentes suelen estar presentes en músicos experimentados y pueden afortunadamente entrenarse en cualquier estudiante.

Empezaría por destacar la importancia de tener claros objetivos durante el estudio. Objetivos a corto plazo que nos emplacen a conseguir los grandes objetivos. Cuanto más conectamos las tareas del día a día del estudio con nuestra verdadera pasión (hacer música al mayor nivel posible, ser capaz de tocar obras cada vez más ambiciosas, conseguir un puesto en una buena banda, orquesta, etc.) mejores condiciones creamos para activar los increíbles recursos de nuestra mente. Como demuestran recientes investigaciones, aprendemos mejor cuando vinculamos el estudio con la emoción y la motivación. Es por otro lado natural. Aquello que nos motiva, activa procesos psicológicos básicos como la atención, con lo que la maquinaria de nuestra mente empieza a funcionar a un mayor número de revoluciones. El violinsta J. Menuhin y el cellista M. Rostropovich, que recibieron el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por su compromiso con los valores humanos en 1997, coincidían en que hay que cultivar un intenso amor por la música, que tiene que dar sentido a tantas horas de estudio que son necesarias para alcanzar unas elevadas cotas de belleza.

Una vez clarificados los objetivos y habiéndolos dotado con ingredientes atractivos para nosotros, el siguiente consejo que destacaría para mejorar el estudio sería: ¡mantén tus oídos bien abiertos! Esto quiere decir que en las sesiones de estudio no debemos pasar por alto cosas que no alcancen un nivel de calidad determinado. Necesitamos supervisar en cada nota parámetros como la precisión, la calidad del sonido, el tempo, la afinación, etc. Ser exigente es importante, porque es la forma que tenemos de sacar provecho de los errores y reconducirlos de forma constructiva en una mejor dirección.

Pero tan importante como ser exigente resulta saber manejar de forma equilibrada esa exigencia. Como dice la reconocida profesora de violín de la Universidad de Indiana Mimi Zweig: “Los errores no son ni buenos ni malos, sino fuente de información”. Necesitamos desarrollar una mentalidad constructiva, positiva y a la vez exigente, donde los errores sean claramente identificados, pero reconducidos de forma positiva hacia algo mejor. Muchos de los problemas que presentan los estudiantes de música cuando actúan en público, lo representa su incapacidad de ver el lado positivo del error como fuente de aprendizaje y mejora, en lugar de quedarse exclusivamente con su lado negativo.

Estudiar bien es un arte que como tantos otros se refina con la práctica y con la experiencia. Mi objetivo con los últimos libros ha consistido en tratar de echar una mano a los músicos que todavía no han encontrado la forma de conseguirlo, y motivarles para que emprendan los cambios que necesitan.

P. Afrontar un concierto y superar ciertos miedos, nervios, temblores, rigidez, respiración o bloqueos no es fácil, por ello y como profesor ¿cómo ayuda a un alumno a preparar y afrontar un concierto?

R. Una parte del camino hacia mejores sensaciones en las actuaciones tiene que ver con lo que he comentado en la pregunta anterior, es decir, con estudiar de forma efectiva y suficiente. Aunque las técnicas de relajación y de afrontamiento son importantes, hay que insistir en la necesidad de llegar a la actuación seguros de nosotros mismos y del trabajo que hemos realizado.

El siguiente paso tiene que ver con entrenarse a manejar el nerviosismo. En mi opinión es el paso más importante, ya que implica aceptar el nerviosismo como parte inherente al acto social que supone un concierto. El peso de la responsabilidad es en ocasiones enorme, como manifiestan grandes intérpretes y la mayor parte de músicos experimentados. Cada uno desde nuestra particular perspectiva, otorgamos al concierto significados que, junto con otros factores, se traducen en diferentes niveles de nerviosismo. El hecho en sí del concierto nos importa, y cuanto más nos importa algo, con mayor intensidad tendemos a ponernos nerviosos.

En este punto, y explicado de forma simplificada, nuestra mente puede orientarse hacia dos polos opuestos: evitar el fracaso, o buscar el éxito, la excelencia. Por lo general, la mente preocupada y atemorizada tiende a centrarse en evitar el fracaso, es decir, en evitar que la audición o el concierto salga mal, en evitar los errores. Sin embargo, la actitud que yo trato de desarrollar en mis alumnos es precisamente la de la búsqueda de la excelencia, es decir, que orienten toda su energía en perseguir aquello que quieren conseguir, y no en aquello que quieren evitar que suceda. Visto desde fuera parece un razonamiento simple, pero en el fondo es la esencia de una actitud sana y constructiva. Como decía el célebre pianista A. Rubinstein: “Más importante que fallar una o dos notas es ser capaz de transmitir al público experiencias musicales de la máxima calidad”.

En mi opinión, el músico necesita de un entrenamiento que le capacite para orientar su estudio hacia esa búsqueda de la excelencia. Estudiar mucho no basta, también hay que ejercitar una mentalidad sana y positiva.

P. La labor que se realiza en las Escuelas de Música y en los niveles iniciales son la base del aprendizaje posterior. ¿Qué aconsejaría a los profesores para mejorar el entrenamiento y la formación del alumnado desde los niveles básicos?

R. Por encima de todo les aconsejaría que desarrollaran en los niños el amor por la música. Siempre desde el disfrute y el juego, que son los ingredientes indispensables de los que hay que valerse en esta etapa evolutiva para el aprendizaje exitoso de cualquier habilidad. Cada vez son más las evidencias científicas que ponen de relieve la idoneidad del aprendizaje musical para el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. La música tiene la enorme virtud de conectar una enorme cantidad de áreas cerebrales y hacerlas trabajar al unísono. Es verdaderamente asombroso. Si los profesores consiguen con su estímulo enganchar a sus alumnos a la música, les están haciendo un inmenso favor para su futuro, se dediquen a lo que se dediquen después.

El profesor de los estadios iniciales de música debe ser entusiasta y disponer de un buen número de herramientas educativas que le permitan construir en el alumno buenos hábitos con su instrumento musical. Desarrollar adecuadamente el oído es la tarea principal. En la medida en la que el niño va distinguiendo una nota correcta de una equivocada y un buen sonido de otro que no lo es tanto, intensifica su autonomía musical y se potencia su deseo por mejorar.

A los niños les encanta tocar juntos y el aspecto social de la música también representa un incentivo a tener en cuenta. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en el Conservatorio Profesional de Música de Carlet, donde el profesor Sergio Furió ha creado un exitoso programa de orquestas infantiles. Los niños de 5 a 8 años disfrutan enormemente por el mero hecho de participar con los demás compañeros en sus encuentros semanales con la orquesta más joven. El hecho de sentirse parte de un grupo musical, ensayar obras atractivas y adaptadas a sus posibilidades, y además sentirse reconocidos por el público constituye una de las mejores fórmulas de motivación a esa edad. 

P. Pisar escenarios es fundamental para poner en práctica lo trabajado por el alumno/músico en el aula, como profesor y especialista, ¿cree que son suficientes las actuaciones que realiza un alumno en las enseñanzas profesionales y superiores? En caso negativo, ¿cómo cree que se podrían mejorar?

R. Una de las peculiaridades de tocar un instrumento musical es que no sólo hay que hacerlo muy bien, sino que hay que hacerlo muy bien en público. Este matiz deberíamos tenerlo en cuenta a la hora de formar a nuestros alumnos. Cuanto más espaciadas están las audiciones, más difícil le resulta a nuestra mente manejar la situación, y más alto colocamos el listón para superar el miedo escénico. Los estudiantes  necesitan exponerse muchas veces al público para incrementar la seguridad en sí mismos. Los miedos, sean cuales sean, no se superan hasta que los afrontamos. En el caso que nos ocupa, los chavales necesitan exponerse a menudo a aquello que les inquieta (la situación de concierto o prueba) con el fin de que llegue a producirse en su interior un mágico "click", a partir del cual vean la audición como un reto positivo, en lugar de como una amenaza para su imagen.

Además del incremento de la frecuencia de las audiciones, yo tendría además en cuenta otras variables como son la edad del niño, el nivel de dificultad de la obra, el número de intérpretes (solo, dúo, trío...), la proximidad del público, etc.

Despertar en los niños y jóvenes el interés por el beneficio que ellos pueden producir en otras personas a través de la música, también representa una gran ayuda. Hacerles ver que sus interpretaciones lleva a que las personas disfruten durante ese instante con ellos, les hace protagonistas y les confiere una tarea que les ayuda a olvidarse de sí mismos y de sus miedos. Empiezan a centrarse más en cuidar la interpretación que en preocuparse.  

Enfatizar en ellos la calidad en sus actuaciones, más que la perfección, también les ayuda a sentirse más capaces de conseguirlo, y les da una enorme energía para superarse. Además, como dice el conocido cellista Yo-Yo Ma: “La perfección no es muy comunicativa”. Es siempre preferible incentivar el cuidado por cualidades positivas, como un sonido precioso, la expresión y la comunicación. 

P. Rafael, ha sido un placer tenerle en la sección de entrevistas de Nuestras Bandas de Música y desde aquí le felicitamos por su nuevo libro y la labor que realiza. Para terminar, ¿le gustaría añadir algo más?

R. Quiero agradecer a Octavio Hernández Bolín el interés y sensibilidad que ha mostrado al realizar esta entrevista, por aspectos que revierten en la calidad de la vida de tantos músicos y a Cecilia Ortuño por su esmerado trabajo. Además, quiero dar mi enhorabuena a "Nuestras Bandas de Música" por su tarea. La música es una manifestación artística con múltiples dimensiones entre las que destaca el componente social y, NBM incentiva de forma encomiable la prodigiosa red músico/social que representan las bandas de música en nuestra Comunidad. ¡Felicidades!

P. Pues con ese mensaje final de Rafael García nos despedimos. Gracias Rafael, mucha suerte en sus próximos proyectos y hasta pronto. 

Cecilia Ortuño.

Colaboradora NBM.


Un poco más sobre… Rafael García:

Rafael García Martínez

Es licenciado y doctor "cum laude" en psicología por la Universidad de Valencia. Su área de investigación se centra en los procesos psicológicos relacionados con el estudio musical y la preparación de las actuaciones.

Desde 2001 es profesor en el Conservatorio Superior de Música de Aragón donde imparte la asignatura de "Técnica Alexander y Estudio Musical". Es a su vez tutor de trabajos del "Máster de Interpretación e Investigación musical" en la Universidad Internacional de Valencia (VIU) y colabora con el Conservatorio Superior de Música de Navarra impartiendo la asignatura "Preparación psicológica para las actuaciones". En el Palau de la Música de Valencia imparte clases de técnica Alexander para los músicos de la Orquesta de Valencia. 

En el ámbito de la música, fue becado en 1986 por el Ministerio de Cultura para ampliar estudios de violín en Berna (Suiza) con D. Zisman. Fue miembro de la Orquesta Mundial de Juventudes Musicales (Canadá, Japón y Corea). En 1985 es profesor de violín en el Conservatorio de Música de Valencia.

Comienza su contacto con la Técnica Alexander en 1987 con el profesor W. Tschaikowsky en Friburgo (Alemania) y posteriormente con A. Fortwangler, en la Escuela de Técnica Alexander de Friburgo, finalizando en 1993. Desde entonces imparte clases de técnica Alexander en Valencia y cursos en diversos conservatorios españoles. Durante diez años ha sido profesor del Curso Internacional de Música de Benidorm y en la actualidad participa en destacados cursos como  el Academia Internacional de Panticosa y el Festival Cello and Arts.

Es autor de los libros “Optimiza tu actividad Musical. La técnica Alexander en la Música” "Técnica Alexander para Músicos", "Cómo preparar con éxito un concierto o audición" y "Entrenamiento mental para músicos". Es asimismo autor de numerosos artículos sobre técnica Alexander y psicología de la música, y como conferenciante realiza una intensa labor de divulgación de los aspectos que llevan a los músicos a actuaciones más satisfactorias. 

PUBLICACIONES

García Martínez, R. (2010). “Evaluación de las estrategias metacognitivas en el aprendizaje de contenidos musicales y su relación con el rendimiento académico musical”. Tesis doctoral. Universidad de Valencia Ediciones.

García Martínez, R. (2011). Optimiza tu Actividad Musical. La Técnica Alexander en la Música. Impromptu Editores.

García Martínez, R. (2012). La Técnica Alexander y el Trabajo Orquestal. En Concierto Clásico 7/2012,  pág 18-19.

García Martínez, R. (2013). Técnica Alexander para Músicos. Robinbook.

García Martínez, R. (2014). Metacognición y aprendizaje musical: el valor de la reflexión. Música y Educación.  Vol. 27, 3 (octubre 2014). Núm. 99, Págs. 12-18

García Martínez, R. (2015). Cómo preparar con éxito un concierto o audición. Redbook Ediciones.

García Martínez, R. (2015). Fluir en orquesta. Aumentando las experiencias satisfactorias. En Concierto Clásico 13/2015, pág 10-12.

García Martínez, R. (2016). Las pruebas de orquesta. Un verdadero reto para el cuerpo y para la mente. En Concierto Clásico 14/2016, pág 31-32.

García Martínez, R. (2017). Entrenamiento mental para músicos. Redbook Ediciones.

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