Entrevista a Sergio Lluch gerente de la editorial valenciana 'Tot per l'Aire'

La colaboradora de NBM Cecilia Ortuño nos enseña más de cerca el funcionamiento de una Editorial Musical de la mano de Sergio Lluch, dueño y gerente de  'Tot per l'aire'.

En esta ocasión y a través de esta nueva entrevista de Nuestras Bandas de Música nos adentramos de lleno en una editorial musical para conocer más de cerca su concepto y funcionalidad, así como curiosidades sobre la selección y proceso que sigue una obra, el momento actual del mercado editorial o la profesión de editor de música.

De la mano de Sergio Lluch conoceremos su labor al frente de Tot per l’Aire como dueño y gerente, así como su apuesta por el repertorio de cámara y bandístico principalmente.

P. ¿Cómo nace la editorial “Tot per l´Aire” y cómo ha sido su camino a lo largo de sus más de veinte años de andadura?
R. La editorial era una ilusión propia desde que abrimos la tienda “Tot per l’Aire” en 1995. Pero no es hasta 2002 cuando nos lanzamos a crear la editorial con el objetivo de dar salida a las creaciones de nuestros autores. Muy poco a poco nos hemos hecho un hueco en la música de cámara, especialmente en percusión, y últimamente, y cada vez más, en el mundo de la Banda. Como en muchas profesiones, vamos aprendiendo por el camino a superarnos cada día gracias a nuestra propia experiencia y sobre todo a la aportación personal de cada uno de los compositores con sus indicaciones y sugerencias.

P. Hablemos de la profesión de editor de música, ¿cómo la describiría?
R. En nuestro caso es una profesión bastante altruista, pues le dedicamos tiempo, esfuerzo, y sobre todo ilusión, pero en cambio lo que nos mantiene es la tienda y no tanto por lo que se percibe por el trabajo editorial. Siendo algo más concretos, diríamos que una de las principales labores de un editor es perfilar visualmente el trabajo del compositor, además, por supuesto, de ayudar a su proyección, distribución, etc. En definitiva, nosotros, como editores, nos encargamos de todo el trabajo burocrático y comercial, así como de orientación y ayuda a nuestros autores.

 

 


P. En cuanto a la selección de trabajos, ¿qué ítems debe cumplir una obra para ser seleccionada?
R. Esto es algo más complicado. Hay trabajos que ya traen algo de “pan” bajo el brazo, ya que van a ser obligados en algún concurso, certamen o plan de estudios de algún conservatorio. Estas obras o libros ya vienen avalados en su mayoría. Luego están las obras que, por nuestra experiencia, sabemos que tienen interés. En estos casos nos dirigimos directamente al autor y le ofrecemos nuestros servicios. Y también hay ocasiones en las que son los propios autores quienes nos proponen las obras: nosotros valoramos su edición, su posible interés musical y decidimos.

P. A nivel general, ¿cómo explicaría el proceso de edición y distribución de partituras? ¿Cuál es el proceso que sigue una obra desde que es seleccionada hasta que llega al mercado?
R. El autor nos envía el trabajo en formato digital “en bruto”. Solemos trabajar en Finale o Sibelius que son los programas más utilizados en nuestra especialidad. Una vez en nuestro poder la maquetamos y pulimos para que el músico la pueda interpretar de la forma más cómoda. Hay autores que te proporcionan una partitura ya muy bien acabada en este aspecto, pero los hay que no son tan diestros y tienes que revisar y limpiar más. Ligaduras que tropiezan, acentos que se han movido, tipos de letra de diferentes tamaños, cambios de página incómodos…todo lo revisamos para que vea la luz lo mejor posible.
Una vez hecha nuestra revisión, de nuevo se lo pasamos al autor para que lo contraste y nos dé su “ok” definitivo. A veces con una revisión terminamos. Otras veces hemos hecho decenas.
A partir de aquí el trabajo es más administrativo: alta en las diferentes asociaciones de gestión de derechos, en el depósito legal, en el ISMN o ISBN según proceda, etc… Y a partir de aquí se promociona el producto según sus características, tanto en nuestro catálogo como en redes sociales, etc.

P. ¿Qué nos puede contar de los compositores y repertorio bandístico con el que trabaja “Tot per l´Aire”?
R. Ellos son lo más importante. Sin ellos, como es de lógica, no podríamos seguir con esta función.  Tenemos la suerte que el número de compositores que escriben para esta formación ha crecido de forma excepcional en los últimos 30 años. Y esto, por un lado, ayuda a encontrar obras interesantes y, por otro, dificulta la selección precisamente por la gran cantidad que hay.
En nuestro caso tenemos cariño a todas las obras y autores que han confiado en nosotros, pero podríamos hacer mención especial a “Llegendes” del maestro Paco Bort (Francisco Arturo Bort Ramón) por ser la primera obra que tuvimos la suerte de editar para Banda. Ahora mismo contamos con casi 25 obras de concierto de las cuales la mitad han sido obligadas en distintos certámenes y otras han sido escogidas para obras de libre elección. Ha habido estrenos por Bandas Municipales, e incluso un Premio Euterpe a la composición de José Suñer “El Jardín de las Hespérides”. Todas y cada una de ellas tienen su historia, su esfuerzo, y sobre todo la ilusión, tanto por parte del creador como nuestra.


P. ¿Cuáles son los problemas u obstáculos más habituales que se suelen encontrar?
R. El problema principal es un tema recurrente al que todos los editores de música nos enfrentamos: a la poca concienciación de compra de originales de las obras que se interpretan. Constantemente muchos padres de alumnos, e incluso músicos profesionales, nos comentan su extrañeza por tener que comprar los originales para poder presentarse a exámenes, o bien para poder acudir a cursos de dirección, o incluso para acceder a las pruebas de alguna orquesta o banda profesional. La falta de concienciación en nuestra sociedad de los Derechos de Autor, y la aparente normalidad de la piratería instaurada en nuestro entorno, hace que la compra de una partitura original se reserve para ocasiones muy concretas y básicamente por unas bases o normativas que te obligan. Nosotros intentamos poner nuestro granito de arena con unos precios muy competitivos y así facilitar más aún la compra. En el caso de la Banda hablamos de obras completas que van desde los 50 euros hasta los 150 euros la más cara. La mayoría se sitúan entre 70 y 80 euros. Obras actuales de 15-20 minutos para grandes formaciones que se pueden tener por un precio muy bajo. Esto excluye la caducada excusa del precio para no invertir en nuestros autores y en nuestra música. El problema no es el precio. Es la concienciación y costumbre de fotocopia constante. Es un tema más cultural de nuestro país que no un problema específico del mundo de las bandas.
Una idea que llevan a cabo algunas formaciones (aunque muy pocas) es destinar un presupuesto al año para originales. Para la compra de esa obra que va a estar en el atril durante medio año o incluso más. Para tener todos los papeles y no volvernos locos porque falta el flauta2 o porque el papel de percusión1 está todo rayado y lleno de los escudos de todas las sociedades por donde ha pasado la partitura fotocopiada anteriormente. No nos damos cuenta de que a veces se pierde más tiempo y esfuerzo en solucionar estos problemas y “adivinar” las notas de una partitura fotocopiada 30 veces, que comprando la obra que, además, tal vez sea mucho más económica de lo que nos pensamos. Ahí está uno de los problemas: que ni nos planteamos el adquirirla. Que somos capaces de hacer 20 llamadas a distintas sociedades para ver quién la tiene, luego desplazarnos 40 km para ir a recogerla, perder toda una mañana en gestiones y comprobando que tenemos todas las particellas, y luego intentar solventar todos los problemas que surgen en los ensayos porque los papeles se ven mal…. Tal vez esa obra original (perfectamente legible) son apenas 80 euros. ¿Vale la pena?
Tampoco es correcto cuando se le pide al mismo compositor que haga una copia de una obra suya editada porque se le va a hacer el “favor” de ponerla en el atril de la Banda. Este problema está pasando mucho actualmente: se mezcla la “necesidad” propia del autor porque su obra se interprete, con la falta de conciencia colectiva con el trabajo del autor. El resultado es que cada vez se compren menos partituras originales ante la propia mirada del compositor. Algo impensable en la mayor parte de formaciones homólogas europeas. Tal vez es un mal que arrastra la cultura en general en nuestro país. Y por esto los que más pueden hacer para ir concienciando y ayudando a nuestros propios autores y editoriales son las Instituciones públicas y organizadoras de certámenes y concursos. Muchos de ellos indican ya en sus bases que hay que estar dentro de la legalidad en cuanto a las obras que se interpretan. Pero aún hay casos en que se hace la vista gorda en detrimento de los que invierten en originales.

P. A nivel general, ¿se corresponde el número de ventas con el número de formaciones musicales? En caso negativo, ¿qué factores cree que influyen y cómo se podría solucionar?
R. Como he comentado antes, en absoluto se corresponde. Está claro que nuestras sociedades musicales no disponen de todos los recursos que desearían y tienen que hacer frente a otros gastos que se anteponen a la compra de partituras. Pero poco a poco, fomentado y generado también por los propios compositores, y ayudado incluso por las instituciones públicas, esto debe de ir cambiando con pequeñas partidas presupuestarias anuales que se vayan aumentando progresivamente. Saber colocarnos en el lugar del autor y del editor, y admitir que a ninguno nos gustaría que nos copiaran y que hicieran uso de nuestro trabajo gratuitamente.

P. Por otro lado, ¿qué opina del formato digital y de su influencia en el mercado de edición musical?
R. Es un adelanto en la velocidad de adquisición de la obra que deseas tocar y disfrutar. Además abarata la producción y así es más atractivo para el comprador. Pienso que la partitura en papel, como el libro, no va a desaparecer. Pero los dos formatos van a vivir conjuntamente durante mucho tiempo. Además ayuda a la autoedición, por la que muchos compositores optan y así, además, están más cercanos al intérprete. Tanto la edición a través de una editorial como en casa de forma autónoma, tiene sus ventajas y desventajas. Todo es bueno y cada uno escoge su opción. Para que exista esta diversidad ha ayudado mucho la edición digital y el mundo de Internet en general.

P. Por último, ¿con qué mensaje o reflexión final le gustaría terminar esta entrevista?
R. Tal vez, en un tiempo en que tendemos claramente a resaltar los problemas de nuestro entorno y los defectos de los que nos rodean, y mucho menos fijarnos en las virtudes de nuestro alrededor, me gustaría destacar la buena salud de nuestras Sociedades Musicales. Igual que somos conscientes de lo mucho que queda por hacer, hay que serlo de todo lo que se ha prosperado en los últimos 30 años. Se ha crecido tanto en número como en calidad. Ya no sólo tenemos bandas, sino orquestas, coros, big bands, grupos de cámara, y otras muchas formaciones que enriquecen día a día nuestros pueblos y nuestras vidas. Músicos, compositores, directores… cada vez tenemos más y mejor formados. Nosotros pensamos que aportamos nuestro granito de arena a este mundo apasionante y queremos hacerlo lo mejor posible. Es una cadena en la que todos somos necesarios. Y nosotros, sin nuestros clientes y nuestros compositores no existiríamos. Y sin directores que programaran y Bandas que interpretaran no tendría sentido nuestra editorial. Falta, desgraciadamente, mayor apoyo de las instituciones y mayor reconocimiento social. También se ha adelantado mucho en este tema con ayuntamientos volcados con sus sociedades musicales. Pero nuestro mundo se hace más grande y estas ayudas y apoyo no van al mismo ritmo. Nos queda por tanto camino por recorrer, camino de esfuerzo, pero un camino apasionante y muy estimulante.

Cecilia Ortuño.
Colaboradora NBM


Un poco más sobre Sergio Lluch Frechina:
Sergio Lluch Frechina estudió las especialidades de piano y percusión en el Conservatorio Superior de Música de Valencia. Creció y fue músico de la que era la única sociedad de música de su pueblo: el CEM de Almàssera.
Ha formado parte de diversas agrupaciones corales, colaborado en bandas y orquestas, impartido clases en distintas sociedades, y es músico del CIM de Benimaclet desde hace más de 20 años.
Desde 1995 es dueño y gerente de “Tot per l’Aire”.

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